CAPITULO 2: DE TU AMOR
***Personaje recurrente:
Esa noche, Matías sigue en su videoconferencia con Juliana. Ella está impactada al descubrir que Matías, su amigo desde la infancia y su primer amor, se casará con otra mujer. Juliana enmudece, sin saber cómo reaccionar.
— ¿Te pasa algo, Juliana? Dime algo, por favor.
— ¡¡¡Ejem!!! —dice Juliana, aclarándose la garganta—. La verdad es que no puedo ir a tu boda. Lo siento.
— ¿Y por qué razón, ah?
— Es que... ejem... Tengo que ir a Francia para cubrir el Festival de Cine de Cannes... como todos los años.
— ¿Vas al Festival de Cannes? ¡Pues habérmelo dicho antes! Ahora mismo le aviso a Ruth para hacer una videoconferencia entre los tres.
Sin darle tiempo a protestar, Matías se conecta con Ruth para realizar la llamada tripartita. Ruth aparece en pantalla y saluda con una sonrisa inocente.
— Ruth, mi vida, ella es Juliana... mi mejor amiga.Juliana mira a través de la pantalla de su celular a su rival. Se llena de un amargo recelo al constatar que es mucho más bonita de lo que imaginaba.
— Hola, Juliana, un gusto conocerte —dice Ruth, sonriente—. Bueno, al menos por video, pero espero que pronto nos conozcamos en persona. Matías me ha hablado muchísimo de ti y sé que son muy buenos amigos. Espero que nosotras también podamos ser grandes amigas y que nos acompañes en la boda.
Juliana hace un esfuerzo sobrehumano para controlar su frustración.
— Ejem... —dice Juliana—. Lo siento, pero como le acabo de contar a Matías, no voy a poder asistir a la boda. Tengo que viajar a Cannes para el festival de cine. De verdad lo lamento.
— ¿Vas a ir al Festival de Cannes? —pregunta Ruth, entusiasmada—. Yo siempre he querido ir a ese festival. Debe ser emocionante conocer a los cineastas y a las estrellas de cine.
— Y entonces, ¿por qué no van juntas a Francia? —propone Matías—. Así se conocen en persona de una vez.
— ¡¡¡Me encantaría ir a Francia!!! —exclama Ruth—. Sería maravilloso que hiciéramos el viaje juntas.
— No creo que sea de su agrado —responde Juliana, intentando marcar una distancia fría con Ruth.
— Vamos, Juliana, por favor, trátame de "tú", que ya estamos en confianza —pide Ruth con dulzura—. ¿Y por qué crees que no me va a gustar?
— Es que la mayoría del tiempo la paso en conferencias de prensa con directores... es bastante aburrido. Uno tiene que pasar largas horas viendo películas internacionales muy lentas, monótonas... y deprimentes. No creo que sea su estilo.
— A mí no me molesta en absoluto —asegura Ruth—. Todo con tal de que nos conozcamos en persona. Y sí, acepto ir a Cannes contigo. Podríamos irnos en mi avión privado. Te paso a buscar por Miami, ¿qué dices?
— Gracias por la atención, pero no creo que pueda aceptar —se defiende Juliana, sintiéndose acorralada.
— ¿Andas esquiva, Juliana? ¿Por qué no habrías de aceptar? —pregunta Matías, extrañado.
Juliana guarda silencio, atrapada en un grave dilema. Ruth y Matías se miran fijamente a través de sus respectivas pantallas con una complicidad que delata lo enamorados que están. Juliana siente una punzada de rencor al ver a Matías entregado a otra mujer. De pronto, finge que se ha quedado sin señal y corta la llamada. Se cubre el rostro y se echa a llorar en la soledad de su sala, sintiendo que ha perdido a Matías para siempre.
Sin embargo, el teléfono vuelve a vibrar. Es Matías insistiendo. Juliana se seca rápidamente las lágrimas, respira hondo y acepta la llamada una vez más.
— Entonces, Juli —dice Matías con una sonrisa de oreja a oreja—, ¿aceptas ir a Francia con Ruth?
Juliana mira la pantalla, atrapada sin salida en su propia mentira, contemplando la felicidad inocente de Matías.
— Claro... —susurra con una sonrisa sumamente forzada—. Qué gran idea.
+++
Por su parte, en las afueras de Mandy's Place, Cote conduce su auto mientras se ofrece amablemente a llevar a Cristina y Olivia a su casa. En la radio suena a todo volumen el clásico "Toda la noche" del grupo Supernova:
“Pon tu mano sobre mi corazón / Cierra los ojos todo va a estar mejor / Sube el volumen no te detengas más, más...”
— Oye, Cote —dice Cristina con su marcado acento sevillano—, ¿alguna vez te conté cómo nos conocimos Olivia y yo?
— Sí, lo has mencionado un par de veces.
— Pues fue en un concurso de canto en España. Después de largas galas y eliminaciones, yo ocupé el primer lugar y me llevé todos los premios, y Olivia quedó en el segundo lugar.
— Y la verdad es que no le guardo ningún rencor a Cristina por haberme ganado —interviene Olivia, sosteniendo firmemente la mano de Cristina—. Ella ganó en buena ley y yo acepto mi derrota.
Sin embargo, en el fondo, Olivia disimula un profundo rencor; está convencida de que el primer puesto debió ser suyo.
— Me alegra mucho que no haya rencores entre ustedes, chicas —comenta Cote sin apartar la vista del camino.
— Así es —afirma Cristina, dándole un apretón amistoso a la mano de su compañera—. Olivia y yo somos muy buenas amigas. A propósito, nunca te pregunté... ¿Por qué te dicen Cote?
— Ah, la verdad es que me llamo José Tomás, pero desde niño me llaman Cote en Chile.
— Pues yo prefiero llamarte José Tomás. Ese nombre va mucho mejor con tu tipo —dice Olivia, guiñándole un ojo a través del espejo retrovisor.
Cote se pone tan nervioso por el coqueto guiño de Olivia que da un volantazo y por poco termina estrellando el auto.
— ¡Cuidado! —grita Cristina, aferrándose al tablero.
— ¡Disculpen, disculpen! —balbucea Cote, sudando frío mientras endereza el vehículo—. Se me cruzó... un gato. Sí, un gato invisible. Pero no se preocupen, ya casi llegamos.
El resto del trayecto transcurre sin incidentes hasta el departamento de las jóvenes. Al bajarse, se despiden de Cote con gran amabilidad, prometiendo verse pronto y recordándole que no olvide dejar sus likes en sus publicaciones de redes sociales.
Pero apenas el auto de Cote se pierde de vista, Cristina encara a Olivia con indignación.
— Oye, Olivia, ¿con qué derecho te atreves a coquetearle de esa manera a Cote? ¡Casi hace que nos matemos por culpa de tus jueguitos!
— ¡¿Y a mí me llamas coqueta?! —replica Olivia con una risa burlona—. ¡Si tú te pasaste coqueteando con él durante todo el concierto con esos aires de diva barata que te gastas! Lo que pasa es que te dolió que el "tímido José Tomás" prefiriera prestarme atención a mí y a mis encantos.
— Yo gané el concurso de canto por una razón, Olivia. Tengo ángel, tengo gracia. El chico es mi fanático, no tuyo —sentencia Cristina con frialdad, dándose la vuelta hacia la entrada del edificio.
— Sigue creyéndote tu propia mentira, Cristina... —murmura Olivia con resentimiento, siguiéndola de cerca—. Ya veremos a quién prefiere cuando abra los ojos de verdad.
— Mejor no voy a seguir perdiendo el tiempo discutiendo contigo... ¡Y deja en paz a Cote! El chico es mi admirador y le encanta mi música.
— Pues ya verás que José Tomás me elegirá a mí.
Cristina pierde los estribos por completo, da media vuelta y le cruza la cara con una sonora cachetada. ¡¡¡Puafff!!!
Olivia se lleva la mano a la mejilla ardiente, fulminando a Cristina con una mirada cargada de odio. Sin decir una palabra, se retira y se encierra en su habitación, jurándose a sí misma que llegará a ser mucho más famosa y poderosa que Cristina.
+++
Al mismo tiempo, Jorge Patricio llega a su apartamento acompañado de Aleja. Ambos se dejan arrastrar por la atmósfera de intimidad y el deseo contenido. Comienzan a desvestirse lentamente, entregándose a un encuentro apasionado. Sin embargo, en el momento más intenso, la imagen de Juliana asalta la mente de Jorge Patricio, apagando su pasión por completo. Se aparta bruscamente.
— Lo siento, Aleja... no puedo. De verdad lo siento.— ¿Te pasa algo? —pregunta ella, acomodándose el cabello, desconcertada.
— Nada. Es que... no sé qué me pasa contigo. Eres una mujer guapísima, cualquier hombre desearía estar contigo, pero ahora no puedo. Perdóname.
— Aquí pasa algo raro. ¿Hay otra mujer de por medio?
— No, no es eso —miente él de inmediato—. Es mi novela... sí, claro, mi novela. De repente me vino a la cabeza una idea para el siguiente capítulo. Ya sabes cómo es esto, la inspiración llega cuando menos te lo esperas.
— ¿Será que algún día podré leer lo que escribes?
— En cuanto la termine, serás la primera en tener una copia. Pero ahora, prefiero quedarme solo para continuarla. Permiso.
— Te entiendo —responde Aleja, tratando de disimular su orgullo herido—. Bueno, si me necesitas, ya sabes que estoy dispuesta a ayudarte en lo que sea, ¿cachai?— Sí, claro. Gracias por todo y disculpa de nuevo.
Aleja se acerca para despedirse con un beso en los labios, pero él desvía el rostro de manera sutil, ofreciéndole la mejilla. Jorge Patricio le abre la puerta con cortesía y ella se marcha. Mientras camina por el pasillo, Aleja recapitula lo sucedido con sospecha: está segura de que el corazón de Jorge Patricio le pertenece a otra mujer.
Dentro del apartamento, Jorge Patricio se sienta frente a su escritorio pensando en Juliana y en su propio dolor por no ser correspondido. Con esa melancolía como combustible, retoma la escritura de su novela sobre un amor imposible.
+++
Al día siguiente, Jorge Patricio decide salir a caminar por las calles de Brickell buscando despejar su mente e inspirarse. A lo lejos, observa una escena peculiar: Desireé se acerca a un indigente con discreción, le entrega un fajo enorme de billetes en la mano y se aleja rápidamente.
Pocos pasos más adelante, Desireé se cruza con Jorge Patricio. Ella le dedica una mirada coqueta y, con total naturalidad, finge que se le cae un bolígrafo al suelo. Él se agacha galantemente para recogerlo.
— Gracias, guapo —dice Desireé, guiñándole un ojo con picardía.— Oye —comenta Jorge Patricio, observándola con atención—, yo te he visto antes. ¿Tú trabajas en Mandy's Place?
— Sí, guapo. Soy la chef del restaurante. Y yo también te tenía bien fichado de tus visitas —responde Desireé con una sonrisa coqueta.
— ¿Eres la chef? ¡Pues déjame decirte que me encantan tus berenjenas arrebozadas!
— Esa es mi receta especial, jejeje. Oye... ¿y de dónde eres?
— Soy de Colombia. ¿Y tú?
— ¿Eres colombiano? ¡Pues yo también! ¿De qué parte? Toda mi gente es de "Medallo", pues.
— Qué bien. Yo nací en Bucaramanga, pero me crié toda la vida en Bogotá.
— ¡Ah, un rolito! Pues a mí me fascina el ajiaco con pollo.
Ambos se miran fijamente, compartiendo una chispa de simpatía por sus raíces. En ese momento, sus miradas se desvían hacia unos transeúntes que comentan con asombro el último golpe de "Las Pantojas". Desireé aprovecha la oportunidad para tantear el terreno y conocer la opinión del escritor sobre su banda secreta.
— Oye, guapo... ¿y qué opinas tú de "Las Pantoja"?
— Pienso que no son tan malas como la prensa quiere hacer creer. Si la policía no logra atraparlas es porque la gente común las respeta y se niega a delatarlas. Tienen códigos.
— Me alegra muchísimo escuchar eso —responde Desireé, complacida.
Jorge Patricio no se imagina que tiene enfrente a una de las integrantes de la famosa banda. Mientras sostienen una mirada cargada de una repentina tensión romántica, son interrumpidos abruptamente por Giselda, quien llega a paso apresurado.— ¡¡¡Ejem!!! —exclama Giselda, interponiéndose entre ambos—. ¿Se puede saber qué están haciendo ustedes dos?
— Hola, hermanita —saluda Jorge Patricio—. ¿Qué haces por aquí?
— Voy camino a mi cita odontológica —responde Giselda con tono seco.
— Hola, Giselda —interviene Desireé—. No me habías contado que tenías un hermano tan simpático.
— Desireé, ¿puedo hablar contigo un ratico a solas? Por favor —pide Giselda con firmeza.
Giselda toma a Desireé del brazo y la aparta unos metros de su hermano para advertirle que guarde las distancias.
— ¿Te volviste loca, Desireé? Es mi hermano. Es un hombre sano, honesto, completamente ajeno a todo nuestro mundo. No quiero que andes de coqueta con él, ni que le metas tus ideas de la banda en la cabeza. Él no tiene que saber absolutamente nada de "Las Pantojas".
Desireé se suelta del agarre con suavidad, sosteniéndole la mirada con tranquilidad.
— Tranquila, Giselda. Tu hermano tiene un alma libre, solo que aún no lo sabe. Pero no te preocupes, su secreto está a salvo conmigo. Nos vemos luego en el restaurante.
Desireé le dedica una última mirada de interés a Jorge Patricio y se retira, resuelta a no dejar pasar la oportunidad de conquistarlo. Giselda, por su parte, continúa su camino hacia el consultorio.
+++
Minutos después, Giselda llega a su cita odontológica para realizarse una limpieza de rutina. En la recepción del consultorio la recibe la asistente, una simpática muchacha trigueña que viste con orgullo la camiseta de la selección de fútbol de Perú y lleva una placa con el nombre "Milagros" prendida al pecho.
— Hola, buenas tardes. Vengo para una cita con el doctor Felipe —anuncia Giselda.— A ver... usted es Giselda Martínez, ¿verdad? Por favor, llene estos formularios y tome asiento un momento —responde Milagros, entregándole las hojas con una sonrisa.
Sin embargo, Milagros empieza a tener serios problemas con el sistema de la computadora de la recepción, soltando un bufido de frustración. Giselda la observa con curiosidad.
— ¿Tienes problemas con el computador? —pregunta Giselda.
Haciendo gala de sus habilidades informáticas y su agilidad mental, Giselda se rodea el mostrador y se ofrece a ayudar a la asistente. En un dos por tres, soluciona el problema de software y reestablece el sistema.
— ¡Oh, muchísimas gracias, señorita! De verdad que no tengo nada de paciencia para la tecnología —agradece Milagros, aliviada—. Oye, por cierto... ¿supiste del nuevo golpe de "Las Pantoja" esta mañana?
Giselda siente un vuelco en el estómago al escuchar la mención de su banda, pero se esfuerza por mantener una fachada de absoluta normalidad.
— Pues no he estado muy informada hoy... ¿Qué pasó? ¿Las atraparon?
— ¡De ninguna manera! Y ojalá que nunca las atrapen. Yo soy su fanática número uno. Mi gran sueño sería conocerlas y unirme al grupo. De verdad, ¡quiero ser la cuarta Pantoja!
— Vaya... —comenta Giselda, gratamente sorprendida por la inesperada confesión—. Creo que voy a seguir llenando mi formulario. Con permiso.
Giselda le entrega su identificación y su tarjeta de seguro médico. De fondo, en la sala de espera, comienza a sonar como música ambiental "Tren al sur", el icónico tema de la banda chilena Los Prisioneros. A Milagros se le iluminan los ojos y comienza a cantar a media voz: “Y no me digas pobre por ir viajando así...”
Poco después, la asistente anuncia a Giselda que puede pasar. Al ingresar al consultorio, se encuentra con el odontólogo: es Felipe, el apuesto joven que tiene a Paola suspirando, aunque él no la reconoce a ella debido a que siempre operan encapuchadas. Giselda nota de inmediato que el médico es sumamente atractivo y decide desplegar sus encantos para entablar conversación.
— Mucho gusto, soy Giselda Martínez y vengo para mi limpieza dental —dice con tono sugerente.
— Es un placer, soy el doctor Felipe Miranda. ¿De dónde eres, Giselda?
— Soy de Colombia.
— Oh, una colombiana... Tierra de mujeres hermosas, y para muestra un botón —responde Felipe con cortesía profesional—. Yo nací en Chile, pero mi madre es peruana y mi padre chileno. ¿Empezamos?
— Por supuesto —asiente ella, acomodándose en el sillón de tratamiento.
— Muy bien, Giselda —dice Felipe con su habitual voz pausada y tranquilizadora—. Vamos a empezar con una limpieza dental de rutina. Abre grande, por favor. No vas a sentir ninguna molestia, soy muy cuidadoso.Giselda lo mira fijamente a los ojos con indiscutible coquetería.
— Contigo no me da miedo el dolor, doctor. Al contrario, me relaja verte trabajar. Eres tan ordenado... tan limpio. Todo en su lugar exacto.
Felipe sonríe con timidez mientras se coloca los guantes de látex.
— Es parte del oficio. La odontología requiere precisión, paciencia y estructura. Si te sales del protocolo, las cosas fallan.
Giselda suelta una risa suave mientras Felipe ajusta la lámpara sobre su rostro.
“Es guapísimo”, piensa Giselda para sus adentros. “Con razón Paola está loquita por él... pero este bombón me lo voy a quedar yo”.
Felipe se detiene un instante, intrigado por la intensa mirada de su paciente.
— ¿Adrenalina? —pregunta Felipe, retomando el hilo de sus pensamientos—. No sé... lo más extremo que he hecho en mi vida es cambiar de ruta para venir al trabajo. Yo prefiero la paz y la tranquilidad. Creo que viene de mi historia familiar.
— A ver, cuéntame —pide Giselda, acomodándose mejor—. Me encantan las historias de hombres misteriosos.
Felipe comienza a preparar el instrumental de limpieza mientras relata su pasado.
— No hay mucho misterio. Como te decía, nací en Chile, pero mi madre es peruana y mi padre chileno. Él tuvo que huir a Perú durante la dictadura militar chilena, buscando un refugio seguro para empezar de cero. Allá conoció a mi mamá, se enamoraron y tuvieron a mi hermana mayor. Cuando la democracia regresó a Chile, volvieron todos y ahí nací yo. Crecer con la incertidumbre de no saber si vas a poder regresar a tu patria te hace valorar la estabilidad, las rutinas... el orden.
Giselda lo devora con la mirada, cautivada por su vulnerabilidad.
— Entiendo... Tu papá buscaba un refugio en medio del caos. Pero a veces, Felipe, el verdadero refugio no es la calma, sino la tormenta. Es encontrar a alguien que te haga sentir que, aunque todo esté dando vueltas a tu alrededor, estás en el lugar correcto.
Felipe traga saliva, visiblemente nervioso por la intensidad de las palabras de Giselda y la cercanía de su rostro. Intentando recuperar la compostura profesional, inicia con la limpieza e introduce el espejo de exploración en su boca. Giselda sostiene el contacto visual en todo momento. Cuando Felipe retira momentáneamente los instrumentos para que ella se enjuague, Giselda le sonríe con picardía.
— Tienes una dentadura excelente, se nota que te cuidas —comenta Felipe—. ¿Te gusta la música? Te noto con mucho ritmo.
— Me encanta cantar. De hecho... la música me ayuda a liberar tensiones acumuladas.
— A ver, cántame un poquito, a ver si es verdad.
Giselda se incorpora ligeramente en el sillón de dentista, lo mira directo a los ojos y, con una voz suave, sensual y sumamente íntima, comienza a cantar a capela las estrofas del rockero argentino Miguel Mateos:
“Te quiero, te extraño... Nada es igual al ayer... Oh oh oh nada, uh-oh no...”
Giselda modula cada palabra con una entrega que resuena en las pulcras paredes del consultorio. Al finalizar, le guiña un ojo con audacia.
Felipe se queda inmóvil con los instrumentos en la mano, suspirando de manera sutil pero evidente, mientras sus mejillas se tiñen de un tierno rubor.
— Vaya... cantas hermoso. Realmente... tienes mucha fuerza al cantar —admite Felipe, nervioso—. Además de que eres una mujer muy hermosa.
— Gracias, doctor —sonríe ella, satisfecha con el efecto de su seducción—. Es que yo no hago nada a medias, Felipe. Cuando me amarro a un sentimiento, voy por el todo o nada.
Giselda se despide del consultorio prometiéndose a sí misma regresar muy seguido a sus consultas, mientras Felipe, aún desconcertado por el torbellino de emociones, llama al siguiente paciente.
Esa misma noche, el teléfono de Giselda vibra con un mensaje de texto de Paola convocando a las integrantes de "Las Pantojas" para planificar un nuevo y arriesgado golpe.
+++
Mientras tanto, en Los Ángeles, California, Milly vuelve a encontrarse con Sebastián en la pizzería donde trabaja. Ella busca animarlo para que completen juntos el álbum Panini del Mundial 2026, mostrándole un fajo de figuritas repetidas que tiene para intercambiar.
En ese preciso instante, entra al establecimiento la famosa actriz Sara Elcy Muriel vistiendo con orgullo la camiseta de la selección colombiana, ya que se encuentra en la ciudad filmando una nueva producción de televisión. Viene acompañada por la también actriz Inés Lorena Puig, quien luce la camiseta de la selección española.
CONTINUARÁ...
¿Qué pasará con el encuentro entre Milly y Sebastian con las actrices Sara Elcy e Inés Lorena?
¿Cuál será el nuevo golpe de las Pantoja?
¿Será Milagros, la cuarta Pantoja?
¿Qué sucederá con Juliana y Ruth en el festival de Cannes?
¿Quién ganará la final de la Copa Mundial, España ó Argentina?
¿A qué se debe el fracaso de la película "Supergirl" de Milly Alcock?
¿Podrán Morticia Foncy y RuPaul limar asperezas en Portal Glook?
¿Estas preguntas son formuladas usando Inteligencia Artificial?
¿Por que Renzo eligió esa canción de Supernova al final del capítulo?
+++Sigan pendientes de los capitulos siguientes de su foronovela "De tu amor, inspirada en Amistad Perdida."


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