Capítulo 1: De Tu Amor (Con revisión de IA)
El perfil de los rascacielos de Brickell, en Miami, se recortaba contra el cielo nocturno como un tablero de luces de neón y cristal. En uno de los exclusivos condominios del sector, ajena al bullicio de la avenida, Juliana ajustaba el aro de luz frente a su cámara. De nacionalidad boliviana, poseedora de una belleza fresca y una mirada analítica que desarmaba a cualquiera, se había ganado un lugar respetable en el competitivo mundo digital como crítica de cine. Su canal y su podcast eran ley para miles de cinéfilos.
—Bueno, mis queridos followers —dijo Juliana, regalando su mejor sonrisa a la lente—. Para recordarles que esta semana se estrena Mortal Kombat II, la esperada secuela basada en el exitoso videojuego. Y para los que prefieren otros ritmos, siguen las producciones inspiradas en consolas, el documental sobre la mítica banda metalera Iron Maiden, una cinta de suspenso y terror psicológico llamada Undertone, y una road movie colombiana que promete bastante: Lejos, aquí. Esta última se ve realmente interesante. ¡Ojalá se estrene pronto en salas comerciales! Bueno, eso es todo por ahora. No se olviden de ir al cine, que el cine siempre se disfruta mejor en la pantalla grande y, por supuesto, con una buena porción de palomitas de maíz. ¡Ah! Y no olviden suscribirse, dejar sus likes y comentarios, que los estaré leyendo uno por uno.
Antes de dar por terminada la transmisión, Juliana dedicó unos minutos a responder la avalancha de comentarios —algunos bastante encendidos— que había recibido por su última reseña de Michael, la película biográfica sobre Michael Jackson. Con elegancia y firmeza, se defendió aclarando que el arte siempre es subjetivo y que la suya era "solo una opinión más".
Al desconectarse, el brillo de sus ojos se apagó de golpe. El silencio del apartamento pareció caer sobre sus hombros y la tierna sonrisa profesional dio paso a una profunda melancolía.
Se levantó del escritorio y se acercó a una repisa donde descansaba un portarretratos de madera. En la fotografía, un grupo de niños sonreía a la cámara bajo un sol radiante: Matías, Cote, Felipe, Maylin, Aleja y ella. Eran los años dorados entre 1997 y 1999. Apenas tenía siete u ocho años en ese entonces, pero guardaba aquellos recuerdos grabados en el alma con la nitidez del presente.Cerró los ojos y casi pudo sentir la brisa marina de Viña del Mar. Recordó la tarde en que Cote decidió probar el parapente; el viento le jugó una mala pasada y terminó aterrizando de bruces en la arena, saliendo del agua con la boca completamente llena de conchillas y lodo. Juliana soltó una pequeña risotada nostálgica al recordarlo.
También revivió los viajes en tren hacia el sur junto a su familia, con el ritmo de la famosa canción de Los Prisioneros sonando en su mente. A través de la ventanilla, el paisaje de lagos azules, ríos caudalosos y casitas de madera de colores pintorescos desfilaba ante ella hasta la llegada a Valdivia.
Pero el recuerdo más nítido era el de aquella excursión a la cordillera para conocer la nieve. En su primer intento por deslizarse en esquís, perdió el equilibrio y estuvo a punto de rodar colina abajo. Fue Matías quien, con reflejos rápidos, la sostuvo entre sus brazos. Aquel cruce de miradas, con las mejillas coloradas por el frío y el corazón latiéndole a mil por hora, había sido el primer indicio de que Matías jamás sería un simple amigo para ella.La memoria la llevó también al invierno de 1998, durante el Mundial de Francia. Las clases se habían suspendido por completo. Alumnos y profesores se amontonaban en el salón de actos alrededor de un viejo televisor de tubo para ver jugar a la mítica dupla "Sa-Za": Marcelo Salas e Iván Zamorano. Cuando Salas anotó contra Austria, el estallido fue unánime: ¡¡¡GOOOOOOLLLL!!! Todos se abrazaron en una euforia colectiva. La ilusión de la victoria estaba al alcance de la mano, pero en el último minuto de descuento, Austria empató el encuentro. Aquel 1 a 1 supo a derrota amarga. Más tarde, Brasil los eliminaría con una goleada dolorosa en octavos de final. Sin embargo, Matías había disfrutado tanto de la intensidad de esos momentos que, con los ojos brillando de determinación infantil, sentenció: "Cuando crezca, seré comentarista deportivo".
Juliana sonrió. Ella, por su parte, prefería escaparse del colegio para ser la primera en la fila de los estrenos de cine. Recordó las acaloradas discusiones con sus amigos porque a ella le fascinaba Fargo, una película que el resto del grupo tachaba de "aburrida y lenta". El tiempo le dio la razón cuando la cinta cosechó múltiples nominaciones al Oscar y consagró a Frances McDormand. En gran parte, su pasión se la debía a Sabina, la respetada crítica de cine que se convirtió en su mentora y faro profesional.Ahora, Juliana recorría el mundo asistiendo a los festivales de Cannes, Berlín, Venecia, Sundance y Nueva York, codeándose con directores de renombre. Pero los éxitos profesionales no lograban llenar el vacío de su corazón. Matías, su primer y más grande amor, seguía siendo una pregunta sin respuesta. ¿Dónde estaría? ¿Se acordaría de ella? ¿Se habría casado?
Para acallar las dudas, encendió su reproductor de música. Los acordes de "De tu amor", de Natalia Oreiro, inundaron la sala. Juliana se dejó llevar por el ritmo pop y comenzó a bailar sola en medio del apartamento, moviendo los hombros y las caderas con una gracia sensual y melancólica:
“Ay, se fue, se fue tu amor... solo quedan lamentos, queda un sentimiento y este pobre corazón que guarda lo que yo siento...”
+++
Mientras tanto, en el pasillo exterior del edificio, Aleja caminaba buscando el apartamento de su amiga. Con su habitual desplante y picardía chilena, se topó con un vecino que salía de un apartamento cercano. Aleja no tardó en clavarle una mirada coqueta y guiñarle un ojo. El hombre, de contextura promedio y aspecto pulcro, encogió los hombros, visiblemente cohibido.
—Hola, guapo. Estoy buscando el apartamento 1456 —dijo Aleja con un tono sugerente.
—¿Ah? —tartamudeó el hombre, acomodándose las gafas—. ¿El apartamento de Juliana? Está justo frente a usted.
—Oh, sí, disculpa. Es que todas las puertas de este edificio son idénticas. Oye, Juliana es bastante famosa por aquí, ¿no?
El hombre soltó un suspiro apenas perceptible al escuchar el nombre de la crítica. Aleja lo detectó al instante.
—Oye... ¿te gusta mi amiga Juliana?
—La he visto un par de veces en el pasillo... pero no es mi tipo —respondió él, tratando de sonar desinteresado.
—Dime —insistió Aleja, acortando la distancia con picardía—, ¿y cuál es tu tipo de mujer?
Al hombre le empezaron a sudar las manos y retrocedió un paso, completamente nervioso. Aleja soltó una carcajada traviesa, le guiñó el ojo una última vez y cruzó el pasillo para presionar el timbre del apartamento de Juliana. ¡¡¡RRRRIIIIIINNNNNGGGGG!!!La puerta se abrió casi de inmediato.
—¡¡¡Juli, cómo estáis, po!!! —exclamó Aleja con los brazos abiertos. Las amigas se fundieron en un abrazo ruidoso y afectuoso.
—¡Qué alegría verte, amiga! —respondió Juliana, dejándola pasar—. ¿Cómo estás?
—Súper bien. Oye, acabo de ver a tu vecino en el pasillo. Qué hombre más guapo, ¿no?
—¿Guapo? ¿Te refieres a Patrick? No exageres, Aleja.
—A mí me parece lindísimo, solo que es un poco tímido. Oye... ¿es casado, soltero, tiene compromisos?
—Tengo entendido que es divorciado.
—O sea que está libre y disponible... ¡Jijiji!
Aleja avanzó por la sala hasta que sus ojos se toparon con el portarretratos que Juliana había estado contemplando minutos antes. Una sombra de nostalgia cruzó su rostro.
—El otro día me encontré con el Cote... sigue igual de rayado que siempre.—Justo me estaba acordando de cuando fuimos a Viña y casi se mata haciendo parapente —comentó Juliana con una sonrisa.
—¡Esos días en Viña fueron la raja! —suspiró Aleja—. Oye... ¿y sabéis algo del Matías? Supe por ahí que le va increíble como comentarista deportivo. He leído algunas de sus columnas en internet.
—Sí, me alegro mucho por él. Siempre fue su sueño.
—Juli... —Aleja la miró con seriedad—, ¿todavía sentís cosas por el Matías?
—El primer amor nunca se olvida, Aleja... aunque a veces sea un camino de una sola vía.
—¡Ya, basta de ponernos sentimentales! El pasado ya fue. ¿Qué te parece si salimos a tomarnos unas cervecitas para despejar la mente? Vamos, no seas aburrida, ¡anda que sí!
—Está bien, me convenciste. Un respiro no me vendrá nada mal.
+++
Media hora después, Juliana y Aleja se encontraban instaladas en una mesa de Mandy’s Place, un colorido y concurrido restaurante local. De pronto, Aleja codeó sutilmente a Juliana.
—Oye, Juli, no miréis ahora, pero allá está la Maylin.
—¿Maylin? ¿Qué hace aquí?
—No tengo idea. Supe que andaba con un actor de telenovelas, pero terminaron al tiro porque el tipo le puso los cuernos con media producción. Ay, esa galla siempre me ha caído un poquito gorda con sus aires de diva de televisión.
Maylin, que en ese momento giraba la cabeza buscando una mesa, reconoció a sus antiguas amigas de la infancia y se acercó con paso elegante y una sonrisa ensayada para las cámaras.
—¡¡¡Juli!!! ¡¡¡Aleja!!! —exclamó Maylin, fingiendo una emoción desbordante—. ¡Tanto tiempo sin vernos! ¿Vieron el estreno de mi última telenovela? Les cuento que ya estoy por firmar el contrato para la siguiente. Y no crean que he dejado de lado mi música; estoy en conversaciones con sellos internacionales muy importantes para lanzar mi sencillo "Viejo Verde".
—¡Por supuesto que no nos perderemos tu próximo proyecto, Maylin! —respondió Juliana, siempre diplomática.
—Hola, Maylin —saludó Aleja, con un tono más seco—. Oye, ¿y sabéis algo del Charly?
—¿El Charly? —Maylin hizo un gesto de desdén con la mano—. Supongo que seguirá de novio con la niña de la lavandería, po.
—Tú lo quisiste harto, ¿no? —provocó Aleja con una media sonrisa.
—No te hagáis la desentendida, Aleja, que a ti también te encantaba el Charly. La única que se salvaba era la Juli, que solo tenía ojos para el Matías, po.
—Matías siempre ha sido solo un amigo —dijo Juliana, sintiendo que las mejillas le ardían de vergüenza.
En ese momento, dos hombres se acercaron a la mesa saludando efusivamente a Juliana: Jorge Emilio y Jorge Patricio. Al ver la llegada de los nuevos acompañantes, Maylin adoptó de inmediato su postura de conquista, dedicándoles miradas sugerentes. Sin embargo, Jorge Emilio no tardó en disipar cualquier duda.—Hola, chicas. Por cierto, antes de que gasten su valioso labial conmigo, aclaro que soy gay y me encantan los hombres —dijo Jorge Emilio con absoluta naturalidad y simpatía.
Maylin y Aleja intercambiaron una mirada de ligera frustración, pero rápidamente desviaron su atención hacia el otro muchacho.
—Y tú... —preguntó Maylin, recorriendo a Jorge Patricio con la mirada—, ¿también juegas para el otro equipo?
—No, no. A mí me encantan las mujeres —respondió Jorge Patricio con una sonrisa tímida.
Aleja y Maylin comenzaron de inmediato a desplegar sus encantos, pero Jorge Patricio apenas les prestó atención; sus ojos estaban fijos en Juliana. Al notar la timidez del chico, Juliana le dedicó un guiño amistoso y coqueto, lo que hizo que a Jorge Patricio se le acelerara el pulso.
—¿Cómo vas con tu novela, Jorge Patricio? —preguntó Juliana para romper el hielo.
—¿Eres escritor? —exclamaron Maylin y Aleja al unísono, con los ojos abiertos por el interés.
—Bueno, hago el intento —respondió él, rascándose la nuca—. La verdad es que estoy un poco bloqueado. No encuentro el título adecuado y soy pésimo para eso.
—Podrías usar el nombre de una canción que te encante o tal vez el nombre de la protagonista —sugirió Maylin, adoptando un tono profesional—. Pero claro, tendría que leer tu obra primero para darte una opinión experta. Yo, como actriz y cantante, entiendo mucho de estos temas creativos.
—Vaya, qué honor conocer a una verdadera artista —respondió Jorge Patricio de manera cortés.
—Yo también escribo —intervino Jorge Emilio con entusiasmo—. Escribo historias en catalán, ya que mis abuelos son de Barcelona, y yo mismo las ilustro con dibujos de chicos guapísimos. Por cierto... ¿vieron a los meseros de este lugar? ¡Ay, yo me llevaría a uno directo a mi casa!
—¡Ejem! —lo interrumpió Jorge Patricio con una sonrisa—. Hablando de trabajo, justo allí viene mi editor.
Aleja se dio la vuelta para mirar al recién llegado y ahogó una exclamación. El editor no era otro que Patrick, el tímido vecino de Juliana que había intentado interrogar en el pasillo. Jorge Patricio lo invitó a sentarse con ellos.Patrick se sentó al lado de Aleja, visiblemente incómodo por la coincidencia. Aprovechando la cercanía y ocultándose bajo la mesa del restaurante, Aleja comenzó a rozar suavemente la pierna de Patrick con su zapato. Al hombre se le abrieron los ojos de par en par y empezó a sudar frío, ganándose una mirada divertida de Aleja.
Intentando desviar la atención de su evidente nerviosismo, Jorge Patricio le dio una palmada en el hombro a Patrick.
—¡Oigan! Tienen que ver esto. Patrick hace la mejor imitación de Donald Trump del estado de Florida. ¡Anda, muéstrales!
Patrick, viendo una oportunidad de escape intelectual, se aclaró la garganta, frunció el ceño, gesticuló exageradamente con las manos y comenzó a hablar con la voz ronca y el tono pomposo característico del expresidente de los Estados Unidos. La imitación fue tan perfecta que Juliana soltó una carcajada limpia y sonora. Jorge Patricio contempló a Juliana reír con una mirada llena de adoración y un suspiro involuntario. Aleja, astuta, no pasó por alto el detalle.
De pronto, el murmullo del restaurante pareció silenciarse cuando las pantallas de televisión del lugar cambiaron al segmento deportivo del noticiero nacional. Un presentador anunció con entusiasmo la incorporación de un nuevo corresponsal estrella para la cobertura de la próxima Copa Mundial de Fútbol en Estados Unidos, México y Canadá: el carismático Matías Becker.A Juliana se le cortó la respiración. Sus ojos quedaron fijos en la pantalla de alta definición. Maylin y Aleja también ahogaron un grito de sorpresa.
—¡¡¡Chicas, miren!!! —gritó Maylin—. ¿Ese no es el Matías? ¡No te lo puedo creer, el gallo va a cubrir el Mundial!
—¿Quién es ese tipo? —preguntó Jorge Patricio, arrugando el entrecejo con evidente molestia.
—Es el amigo del que te hablé —respondió Juliana con un hilo de voz—. Mi amigo del colegio.
—Ah, claro... el "famoso" Matías —murmuró Jorge Patricio con desdén—. Pues no le veo nada del otro mundo.
Las chicas le chistaron para poder escuchar la entrevista, que se transmitía en inglés. Matías, luciendo un traje impecable que resaltaba su porte atlético, hablaba frente al micrófono desde Nueva York sobre los desafíos de cubrir un evento de tal magnitud. Explicó que aún no tenía el calendario definitivo de los partidos que le tocaría cubrir, pero que esperaba sinceramente que lo enviaran a la sede de Miami.
—...porque allí vive Juliana, mi mejor amiga de la infancia —agregó Matías a la cámara con una sonrisa radiante.
A Juliana le dio un vuelco el corazón al escuchar su nombre en televisión nacional.
—Juli —continuó Matías, cambiando fluidamente al español con un guiño de complicidad—, si estás viendo esto, te extraño muchísimo y muero por verte. Te dejé un mensaje privado en tus redes sociales. Por favor, contéstame apenas puedas.
Inmediatamente, Juliana sacó su teléfono con manos temblorosas. Entró a su cuenta de Instagram y, efectivamente, allí estaba un mensaje de Matías con su número de teléfono directo. Con el corazón latiéndole con fuerza, comenzó a redactar una respuesta. Jorge Patricio observó la escena con una mueca de amargura.
+++
A miles de kilómetros de distancia, en una lujosa mansión de las colinas de Los Ángeles, California, Ruth Montgomery observaba la misma transmisión de televisión recostada en un sofá de diseño. A su lado, su íntima amiga Milly sostenía una copa de vino blanco.
—Así que tu prometido va a ser la estrella del Mundial. ¡Qué maravilla, Ruth! —comentó Milly, dando un sorbo a su copa—. Pero... ¿quién demonios es esa tal Juliana que mencionó?
—Es solo su mejor amiga de la infancia —respondió Ruth con tono pausado y seguro, sin apartar la vista de su manicura perfecta.
—Pues te salió competencia de la noche a la mañana, querida.
—Por favor, Milly. Es solo una amiga de cuando eran unos niños en Sudamérica.
—Yo no creo en la amistad platónica entre un hombre y una mujer —sentenció Milly, cruzándose de brazos—. ¿No te diste cuenta de que ni siquiera mencionó su compromiso contigo? Solo habló de esa Juliana. Es más, ni siquiera traía puesto el anillo que le diste.
—Matías me ama —dijo Ruth con firmeza, extendiendo la mano para que brillara el enorme diamante de su anillo de compromiso—. Nos vamos a casar en unos meses. Juliana es parte de su pasado y él quiere invitarla a la boda. De hecho, yo misma le pedí que mantuviera nuestro compromiso fuera de los medios por cuestiones de relaciones públicas de mi fundación. No hay nada de qué preocuparse. Es más, estoy segura de que Juliana y yo nos llevaremos de maravilla. Seremos grandes amigas.
Milly la miró con una ceja alzada, claramente escéptica.
En ese momento, el timbre de la mansión interrumpió la conversación. Era el repartidor de pizza. Milly se ofreció a bajar a recibirlo. Al abrir la gran puerta de madera, se encontró con un joven repartidor de tez bronceada que llevaba una gorra oficial de la Copa del Mundial. Milly le dedicó una sonrisa coqueta.
—Me gusta tu gorra —dijo ella, apoyándose contra el marco de la puerta.
—Gracias. No pienso perderme ningún partido del Mundial —respondió el joven con entusiasmo—. Aunque claro, tendré que verlos por televisión porque las entradas cuestan una fortuna.
—Yo tengo pases para varios partidos importantes en la costa oeste —comentó Milly, jugando con un mechón de su cabello—. Si te portas bien, tal vez podría invitarte a uno. ¿De dónde eres?
—Soy de Miami, de padre cubano y madre dominicana. ¿Y tú?
—De Australia, del otro lado del mundo —respondió Milly con gracia.
El repartidor intentó imitar el clásico acento australiano: "Aussie, aussie, aussie... oi, oi, oi", lo que provocó una carcajada genuina en Milly por lo desastroso de la imitación.
—¿Y a qué selección vas a apoyar? —preguntó el chico.
—A mis Socceroos, por supuesto. Creo que daremos la sorpresa. ¿Y tú?
—Yo le voy a Brasil, Argentina y España. En realidad, a cualquier equipo de Latinoamérica.
—Por cierto, mi mejor amiga es chilena y se va a casar pronto con un comentarista deportivo.
—Vaya, qué coincidencia.
—Déjame tus datos para ponernos de acuerdo con lo de las entradas.
El joven, entusiasmado con la propuesta, anotó rápidamente su número en un papel. Milly le guiñó el ojo una vez más. Justo en ese momento, Ruth bajó las escaleras principales. El repartidor se quedó sin aliento al ver la imponente figura de la prometida de Matías. Notando la mirada del chico, Milly tomó la pizza con firmeza, se despidió rápidamente y cerró la puerta de golpe, dejando al repartidor en el porche, atónito pero con una sonrisa dibujada en el rostro.
+++
De vuelta en Miami, las pantallas de Mandy’s Place cambiaron bruscamente el tono festivo de los deportes para emitir un boletín informativo de última hora. La presentadora de noticias informaba sobre un audaz asalto perpetrado esa misma mañana a una exclusiva joyería de la ciudad por la peligrosa y enigmática banda de mujeres conocida como "Las Pantojas".
En una mesa contigua a la de Juliana, Felipe, un joven e impecable odontólogo hispano, relataba a sus amigos los detalles del suceso, ya que había tenido la mala fortuna de encontrarse en el establecimiento durante el robo. Juliana, Maylin, Aleja y el resto del grupo escuchaban con atención.—¡No te lo puedo creer! —exclamó Aleja—. ¿De verdad viste a una de las asaltantes cara a cara?
—Sí. Llevaba una capucha que solo dejaba ver sus ojos... pero, ¡qué ojos, muchachos! Eran los ojos más hermosos que he visto en mi vida —suspiró Felipe, perdiéndose en el recuerdo.
—Por favor, Felipe —se burló Maylin—. No me digas que te enamoraste de una delincuente que te apuntaba con un arma.
—No sé cómo explicarlo, pero sentí una conexión instantánea con ella.
—A mí me caen de maravilla —opinó Aleja, ganándose una mirada de reproche de Maylin—. Esas mujeres son como unas Robin Hood de la era moderna: le roban a los ricos para dárselo a los necesitados. Además, nunca han lastimado a nadie en sus golpes.
—En eso tengo que darle la razón a Aleja —coincidió Jorge Patricio—. Las Pantojas no son las villanas de esta historia; solo están desafiando a un sistema corrupto. Ojalá nunca las atrapen.
—Sería una entrevista increíble para mi canal —comentó Juliana, pensativa—. Me encantaría tener la oportunidad de hablar con ellas.Mientras Felipe seguía suspirando por los ojos de su misteriosa asaltante, Cote hizo su aparición en la mesa, interrumpiendo la conversación con aplausos.
—¡Ya va a empezar el espectáculo, muchachos! ¡Silencio!
Las luces del restaurante se atenuaron por completo y un reflector iluminó el pequeño escenario de Mandy’s Place. El presentador anunció con entusiasmo a las artistas de la noche: Cristina y Olivia.
La música comenzó a sonar con fuerza. Olivia tomó el micrófono para interpretar su éxito "Sábado Noche", moviendo las caderas al ritmo de la pegajosa melodía:
“Al sábado noche, una vuelta en tu coche... las luces bajadas, yo no puedo olvidar...”
A su lado, Cristina se sumó al espectáculo interpretando una versión sumamente sensual de "My Baby Just Cares for Me". Los movimientos coordinados y el carisma de las dos cantantes cautivaron de inmediato al público masculino. Cote contemplaba a Cristina con la boca abierta, completamente hipnotizado. Notando la devoción del hombre, Cristina le dedicó una mirada intensa y un guiño desde el escenario, haciendo que a Cote casi se le saliera el corazón del pecho.
Jorge Patricio y Felipe tampoco permanecieron indiferentes a la sensualidad del espectáculo, lo que desató los celos inmediatos de Maylin y Aleja.
—¿Y estas tipas qué se creen? ¡Si ni siquiera cantan bien! —susurró Aleja, cruzándose de brazos con indignación.
—Totalmente de acuerdo. Pura apariencia y nada de talento vocal —añadió Maylin, fulminando a las artistas con la mirada.
Ajeno al drama de los celos y a la música pop, Jorge Emilio observaba con discreción a Tinho, uno de los atractivos meseros del local, imaginando cómo sería compartir una velada con él. Sintiendo la repentina llegada de la inspiración artística, sacó su libreta de bocetos y comenzó a trazar las primeras líneas de su historia.
Lo que ninguno de los presentes en la mesa sospechaba era que el peligro acechaba a escasos metros de ellos. En la cocina del restaurante, preparando los pedidos con total tranquilidad, se encontraba Desireé, una imponente mujer de tez trigueña que trabajaba como chef del lugar y que, en secreto, era una de las mentes maestras de "Las Pantojas".
+++
Al mismo tiempo, en un apartamento que servía como guarida temporal para la banda en otra zona de Miami, Paola y Giselda revisaban las noticias del asalto en una computadora portátil.
—¡Paola! ¡Paola, reacciona! —le reclamó Giselda, dándole un suave empujón—. Llevas horas en las nubes desde que regresamos de la joyería. ¿Qué te pasa?
—Lo siento, Giselda —respondió Paola, apoyando la barbilla en su mano con una sonrisa soñadora—. Es que no puedo sacarme de la cabeza al chico de la joyería. ¿Crees en el amor a primera vista? Tengo que averiguar quién es y cómo se llama. Por cierto... ¿sabemos algo de Desireé?
—Sí, está en el restaurante trabajando su turno como si nada. Nadie sospecha de ella.
—Excelente. Lo mejor es mantener el perfil bajo por unos días. Sigamos revisando las noticias, a ver si mencionan algo sobre las pistas del asalto.
—O tal vez para ver si encuentras alguna foto de tu querido galán —bromeó Giselda con una risotada.
Rato después, Juliana regresó a su apartamento. El silencio de la noche la recibió de nuevo, pero esta vez la expectativa mantenía su corazón latiendo a toda velocidad. Se sentó frente a su computadora y aceptó la solicitud de videollamada que parpadeaba en la pantalla.
La imagen de Matías apareció en alta definición. Su sonrisa franca y cercana borró al instante los kilómetros de distancia que los separaban.
—¡Juli! No sabes la alegría que me da verte —dijo Matías con genuina emoción.
—A mí también, Matías. ¡Felicidades por lo del Mundial! Te vi en la televisión nacional. No puedo creer que me hayas mencionado frente a millones de personas.
—Tenía que hacerlo, Jules. Eres mi cable a tierra y la primera persona en la que pienso cuando se trata de compartir las buenas noticias. Pero... la verdadera razón por la que quería hablar contigo a solas es otra.
Matías tomó aire, y Juliana sintió que el tiempo se detenía. Por un segundo, la fantasía romántica que había albergado desde los siete años pareció estar a punto de materializarse.
—Quiero confesarte algo muy importante —dijo Matías, mirándola a los ojos a través de la pantalla—. Me voy a casar, Juli. Y quiero que asistas a mi boda. Será justo después de que termine la Copa Mundial, pero quiero que viajemos juntos a Los Ángeles para que conozcas a mi prometida. Sé que te va a encantar Ruth. Es una mujer increíble y estoy seguro de que se convertirán en mejores amigas.
El mundo de Juliana se derrumbó en un segundo. La sonrisa se le congeló en el rostro y sintió un frío insoportable en el pecho. Las palabras de Matías resonaban en su cabeza como un eco lejano: "Me voy a casar... conozcas a Ruth... mejores amigas".
Matías, el amor de su vida, se iba a casar con otra mujer.
CONTINUARÁ...
***La canción elegida es "De tu amor" interpretado por Natalia Oreiro:

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