CAPITULO 3: DE TU AMOR (Con revisión de IA)

CAPITULO 3: DE TU AMOR (Con revisión de IA)

***PERSONAJES RECURRENTES:

*Alex, prima de Maylin (Foto: Billie Eilish):


*Sara Elcy (Foto: Sara Elcy Muriel, actriz creada con IA):

*Inés Lorena (Foto: Inés Lorena Puig, actríz creada con IA):

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En una pintoresca pizzería de Los Ángeles, California, Milly decidió hacerle una visita sorpresa a Sebastián. Al entrar al local, no tardó en clavarle la mirada y guiñarle un ojo de manera coqueta. El muchacho, al verla llegar tan despampanante, sintió que las manos le empezaban a sudar de los nervios.

—Hola, guapo. ¡Qué bueno encontrarte por aquí! —saludó Milly, apoyándose en la barra.

—Hola, Milly, ¿verdad? —respondió Sebastián, tratando de mantener la compostura—. Lo que pasa es que ahora estoy un poco ocupado trabajando.

—Solo quería saber si me puedes preparar una pizza personal de pepperoni con anchoas —pidió ella con una sonrisa sugerente.

—Perfecto, tomo nota. Ya voy a la cocina para que marchen tu orden —dijo él, respirando aliviado antes de retirarse.

Mientras Sebastián ingresaba a la cocina, Milly aprovechó para observar la rústica y cálida decoración del lugar. Las paredes de ladrillo visto estaban cubiertas de fotografías en blanco y negro de legendarios actores de origen italiano, pero también de prominentes figuras latinas, como la imagen del actor cubano-americano Andy García en su papel de *El Padrino, Parte III*.

Unos minutos después, Sebastián regresó al mostrador.

—Listo, ya están preparando tu pizza.

—Estaba mirando la decoración del lugar —comentó Milly, señalando los cuadros—. Es muy pintoresco y veo que tienes fotos de varios actores famosos.

—Me encanta el cine —confesó Sebastián con entusiasmo—. De hecho, sigo fielmente el canal de YouTube de Juliana, la crítica de cine de Miami. ¿Alguna vez has visto sus videos?

—No tengo mucho tiempo para esas cosas —respondió Milly con cierto desdén. Luego, desviando la conversación hacia su tema favorito, preguntó—: Oye, ¿estás llenando el álbum del Mundial?

—La verdad... ese álbum sale bastante caro por aquí —admitió él, rascándose la nuca.

—Podemos llenarlo juntos, ¿qué dices? —propuso Milly de inmediato—. Tengo varias figuritas repetidas y podríamos intercambiarlas. Es más, si quieres, yo te regalo el álbum.

En ese preciso instante, la puerta de la pizzería se abrió y entraron dos vistosas mujeres: la actriz colombiana Sara Elcy Muriel, luciendo con orgullo la camiseta de la selección de fútbol de su país, y la actriz española Inés Lorena Puig, vestida con la camiseta de la selección de España.

Sebastián se acercó a atenderlas amablemente. Ambas actuaron de forma sumamente coqueta con el muchacho, guiñándole el ojo y haciéndole sonrisas insinuantes, lo que despertó un ataque instantáneo de celos en Milly. De pronto, Sara Elcy se fijó en Milly y la reconoció.

—¡Hola, Milly! No sabía que venías a este restaurante —exclamó Sara Elcy con sorpresa.

—¿Perdón? ¿Tú eres...? —preguntó Milly, alzando la barbilla y fingiendo no tener la menor idea de quién se trataba.

—¿Acaso no te acuerdas? —sonrió Sara Elcy con desenvoltura—. Soy Sara Elcy Muriel, la actriz. Nos conocimos en el cóctel en la casa de los Henderson. Ella es mi amiga y colega, Inés Lorena Puig. Acabamos de llegar a Los Ángeles para disfrutar del ambiente de la Copa Mundial.

—Mucho gusto —saludó Milly de mala gana.

—Escuché que quieren llenar el álbum del Mundial —intervino Inés Lorena con entusiasmo—. Podríamos juntarnos todos para completarlo más rápido. ¿Qué dices?

—Puede ser... —murmuró Milly, sintiéndose profundamente incómoda.

Sin embargo, a Sebastián se le iluminaron los ojos y aceptó de inmediato la propuesta de las dos actrices para hacer las reuniones de intercambio de figuritas.

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Esa misma noche, en una guarida clandestina de Miami, las integrantes de la banda "Las Pantojas" se reunieron a puerta cerrada. De fondo, a través de una vieja radio, sonaban los acordes synth-pop del clásico "Calibraciones", del grupo chileno Aparato Raro.

"Se acabó el tiempo de los lindos ideales/ No hay más que ver a esos locos intelectuales/ O te preparas a morir en las trincheras/ O esperas en tu cuarto la tercera guerra."

—¡Uf! —exclamó Paola, moviendo la cabeza al ritmo de la música—. ¡Qué buena canción! Ya no se hacen temas con esta potencia.

—No conozco esa canción —comentó Giselda, ajustándose una chaqueta de cuero.

—Es una joya del rock de mi país —explicó Paola con orgullo.

—A mí sí me gusta la melodía —intervino Desireé desde el rincón—. Pero bueno, basta de charlas de música. Paola, ¿para qué nos convocaste tan urgente?

—Para un nuevo golpe —reveló Paola, sacando un plano sobre la mesa—. Maylín Espinoza, la actriz de telenovelas, va a organizar una gran fiesta privada en una mansión. Habrá gente muy rica, empresarios y personalidades de la televisión. Es la oportunidad perfecta para dar el golpe del mes.

—¿Y no habrá demasiada seguridad en ese lugar? Me parece un poco arriesgado —advirtió Giselda con recelo.

—Para "Las Pantojas" no existe lo imposible —decretó Paola con una sonrisa audaz—. Este es el plan de entrada y salida...

A medida que Paola exponía la logística del atraco, Giselda se fue desconectando de la explicación. Su mente voló lejos de la delincuencia, recordando su reciente y candente encuentro en el consultorio odontológico.

—¿Te pasa algo, Giselda? —le preguntó Paola al notar su mirada perdida.

—Ay, Paola... conocí a Felipe, el odontólogo —confesó Giselda con un suspiro—. Es increíblemente guapo. Tenías toda la razón.

—Sí, es guapísimo —admitió Paola, arrugando el entrecejo—, pero ahora pon atención al plan. Este golpe tiene que salir impecable.

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Al día siguiente, con el alma apesadumbrada, Juliana entró a una acogedora cafetería cubana en el corazón de Miami. Pidió un cortadito bien caliente con un par de croquetas crujientes y se sentó en una mesa del fondo. A los pocos minutos llegó su fiel amiga Aleja, quien ya disfrutaba de un café con leche.

—¿Qué pasa, Juli? —preguntó Aleja al verle la cara de angustia—. Te ves fatal.

—Se va a casar... —susurró Juliana con la voz cortada.

—¿Quién se va a casar?

—Matías... Se va a casar con otra mujer. Hicimos una videollamada ayer en la que me confesó la noticia y, ¿sabes qué fue lo peor? En pleno chat me presentó a su prometida.

—¿Y cómo es la tipa? ¿Es bonita? —curioseó Aleja.

—Sí, es guapa... en su estilo —respondió Juliana, tratando de restarle méritos, aunque en el fondo sabía que la chica era hermosísima—. Le inventé mil excusas para no ir a la boda. Es más, le hablé del Festival de Cine de Cannes para justificar mi ausencia, ¡pero ella insiste en ir conmigo a Francia!

—Pues yo creo que deberías ir con ella a Cannes —opinó Aleja de manera tajante—. Así la conoces de cerca y descubres de una vez si realmente es digna del amor de Matías.

—¿Tú crees que sea buena idea?

—Claro que sí, mujer. Enfréntala en su propio terreno.

En ese momento hizo su entrada Maylín, caminando con aire triunfal y tarareando alegremente el clásico "Hay que venir al sur" de Raffaella Carrà.

—¡Hola, chicas! ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué esas caras tan tristes? —saludó Maylín.

Para no revelar el secreto de la pena de amor de Juliana, Aleja reaccionó con rapidez e inventó una excusa.

—Lo que pasa es que Juliana se va al Festival de Cine de Cannes y no quiere dejarnos solas —dijo Aleja.

—Ay, no sé qué le ven a esos festivales de cine —comentó Maylín, haciendo un gesto de desdén con la mano—. Esas películas son aburridísimas. Una vez me obligaron a ver una cinta ganadora de un festival y casi me quedo dormida en la sala.

—Son películas hechas para otro tipo de intelecto, Maylín —respondió Aleja con ironía.

—Puede ser —rodó los ojos la actriz—. En fin, vine a invitarlas a una fiesta sensacional que voy a organizar.

—¿Y cuál es el motivo de la celebración? —preguntó Juliana.

—Es la fiesta oficial por la inauguración de Miami como sede de la Copa Mundial de Fútbol. Van a estar mis primas lejanas, Fátima y Alex.

—No sabía que tenías primas viviendo aquí —comentó Aleja.

—Son lejanas —aclaró Maylín—. Son nietas de una prima hermana de mi abuela. Quizás hayan oído hablar de Fátima. Es Fátima Traverso, la famosa actriz de telenovelas.

—Yo no veo telenovelas —dijo Juliana secamente.

—¡No sabía que fueras prima de Fátima! —exclamó Aleja, sorprendida—. A mí me encanta cómo actúa esa galla.

—¡Bah! —desestimó Maylín con envidia—. Es solo una actriz con suerte... No tiene nada de experiencia y aun así la ponen a protagonizar de inmediato. ¡Yo soy infinitamente mejor actriz que ella!

Tras varios minutos de insistencia, Maylín logró convencer a Juliana de asistir al evento, aclarándole que podía llevar un acompañante. Juliana deseó con toda el alma poder ir de la mano de Matías, pero sabía que era un imposible. Justo en ese instante apareció Jorge Patricio en la cafetería y, al enterarse de la invitación, aceptó gustoso acompañar a Juliana como su caballero.

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En un exclusivo café de Los Ángeles, Ruth repasa con entusiasmo una revista de novias y alta costura mientras disfruta de un latte. A su lado, Milly la observa con una mezcla de curiosidad y cautela.

—Sigo sin creer lo rápido que está pasando todo, Ruth —comenta Milly, acomodándose en la silla—. Un día me dices que estás saliendo con alguien y al siguiente ya están organizando bodas y viajes internacionales.

—¡Es que Matías es un hombre increíble, Milly! —exclama Ruth con una sonrisa radiante—. Tiene un encanto único. Además, todo en nuestras vidas está encajando de forma perfecta. Él viajará pronto a Miami para la cobertura del Mundial de Fútbol y de ahí nos iremos juntos a Francia.

—¿A Cannes? —pregunta Milly, alzando una ceja con escepticismo.

—¡Sí! Matías me contó que su amiga Juliana estará allá cubriendo el festival de cine. Ayer mismo tuvimos una videollamada los tres. Es una chica muy simpática, aunque la noté algo distraída durante la llamada. Me encantaría que nos acompañe a recorrer la ciudad; presiento que podríamos llevarnos de maravilla.

Milly la mira fijamente, detectando de inmediato lo que Ruth, en su desbordante entusiasmo, no alcanza a percibir.

—Ruth... ¿estás completamente segura de que esa tal Juliana solo lo ve como a un amigo? —inquiere Milly con tono analítico.

—¡Por supuesto! Son muy buenos amigos desde la época en que vivieron en Chile. Matías me ha hablado de ella con muchísimo cariño y respeto. No hay absolutamente nada de qué preocuparse.

—Bueno, si tú lo dices... —suspira Milly, dando un sorbo a su bebida—. Solo ten cuidado. A veces las «viejas amistades» guardan emociones reprimidas que resurgen cuando menos lo esperas. Pero me alegra verte tan ilusionada.

—No hay nada que temer, Milly. Todo va a salir perfecto —sonríe Ruth con seguridad, completamente convencida de su felicidad.

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De vuelta en Miami...

Giselda, fascinada con su reciente cita con Felipe, decide regresar a su consultorio odontológico. Al entrar, la recibe la enfermera Milagros detrás del mostrador.

—Hola. ¿Giselda, verdad? ¿Tienes cita programada? —preguntó Milagros.

—La verdad, no tengo cita... pero solo quiero hablar un momento con Felipe.

—Uy, si no tienes cita, tendrás que esperar bastante. El doctor tiene la agenda llena de pacientes para todo el día.

—No importa —respondió Giselda con determinación—. Esperaré el tiempo que sea necesario.

Giselda toma asiento en la sala de espera mientras escuchaba disimuladamente las conversaciones de los demás pacientes. Todos comentan sobre la famosa banda de "Las Pantojas", con opiniones muy divididas: algunos pensaban que eran vulgares delincuentes y debían terminar tras las rejas, mientras que otros las defendían a capa y espada diciendo que jamás deberían ser atrapadas.

En ese momento, la puerta del consultorio se abre. Es Felipe, quien despedía a un paciente y se disponía a hacer pasar al próximo. Antes de que el siguiente paciente ingresara, Giselda se levanta de inmediato y se acerca a hablar con él.

—Hola, Felipe —saluda Giselda con voz coqueta.

—Hola, ¿Giselda, verdad? Lo siento, ahora mismo estoy muy ocupado. Tengo la sala llena de pacientes.

—No te quito mucho tiempo de tu valioso trabajo, guapo. Solo quería agradecerte por tu amabilidad del otro día.

—De verdad estoy muy atareado —explicó Felipe con amabilidad—. ¿Qué te parece si nos vemos en unos días? Toma, te anotó mi número celular personal y cuadramos una cita con calma.

—¿Una cita? —preguntó Giselda, con los ojos brillándole de pura emoción.

El odontólogo le entrega una tarjeta con su número telefónico. Ella lo guarda de inmediato en sus contactos y se retiró del lugar sumamente contenta. Unas horas más tarde, Felipe le envía un mensaje de texto invitándola formalmente a encontrarse en el vestíbulo de un elegante hotel de Miami, propuesta que ella aceptó gustosa.

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Días después, Giselda acude a su encuentro con Felipe. Ambos caminan tranquilamente por el refinado vestíbulo del hotel, pero Giselda no estaba prestando la debida atención a la conversación. Revisaba constantemente su teléfono móvil con expresión reservada, respondiendo en clave a los mensajes tácticos que le llegaban del resto de la banda.

—Giselda, ¿pasa algo? Te estoy hablando y tú no despegas la mirada del teléfono —comenta Felipe.

—Oh, disculpa... estoy pendiente de un mensaje de texto urgente de la empresa. Dime, ¿qué me decías?

—Pues que me alegra mucho que hayas aceptado mi invitación.

—Yo también me alegro —respondió ella, volviendo a guiñarle el ojo con picardía.

—Te cuento que me han invitado a una fiesta magnífica que organizará la actriz Maylín Espinoza —añadió él—. Será en un prestigioso club social de la ciudad.

En ese preciso instante, al enterarse de que la fiesta se llevaría a cabo en la misma mansión donde "Las Pantojas" darían su próximo golpe, Giselda comprende que el destino le estaba regalando la mejor coartada posible.

—La verdad, quería volver a verte —continuó Felipe—. Estamos en Miami y esta es una fiesta a la que no podíamos faltar.

Giselda lo mira de reojo, sintiendo una pequeña puntada de culpa al percibir la sinceridad en los ojos del odontólogo, antes de guardar disimuladamente el celular en su bolso.

—Sabes perfectamente que no soy de eventos improvisados, Felipe. Tenía varios asuntos personales que resolver en esta ciudad esta noche.

—No es «cualquier reunión» —insiste Felipe, ofreciéndole el brazo con galantería—. Es la fiesta oficial de inauguración de Miami como sede del Mundial. Además, va a ir gente conocida... incluidos Juliana y parte del grupo de Chile. Nos vendrá de maravilla salir un rato a despejar la mente.

Giselda arquea una ceja, evaluando la propuesta con la frialdad estratégica que la caracterizaba. Estar dentro de la mansión del brazo de Felipe no solo le permitía disfrutar de su compañía, sino también estudiar los accesos y la seguridad desde adentro antes de la hora señalada.

—Está bien, te acompañaré un rato —asintió con elegancia, esbozando una sonrisa enigmática—. Pero si el ambiente se pone pesado o tengo que atender algo urgente, no dudaré ni un segundo en marcharme.

—Trato hecho —sonríe Felipe, encantado, sin imaginarse la verdadera identidad de la hermosa mujer que llevaba del brazo ni el verdadero motivo por el cual ella había aceptado ir.

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Pasan los días y llega la tan esperada noche de la celebración. El evento tiene lugar en el salón principal de un prestigioso club nocturno. Maylín luce bellísima recibiendo a los invitados, entre los cuales se encuentran destacadas personalidades de la farándula, el cine, la televisión y la prensa de Estados Unidos.

Juliana asistie al evento lucida e impecable junto a Jorge Patricio, pero su mente permanecía distante. Abrumada por la música fuerte y la superficialidad del ambiente, se alejó hacia una zona más tranquila de la mansión. Fue allí donde se encuentra con Alex: una chica de mirada taciturna y estilo desenfadado —vistiendo ropa holgada al fiel estilo de la cantante Billie Eilish— que escucha música concentrada en sus audífonos.

Juliana se sienta a su lado en un sofá. Alex nota de inmediato la energía pesada de la crítica de cine, aunque al principio prefirió guardar silencio.

—¿Perdón, señorita? ¿Le pasa algo? —pregunta Juliana al sentirse observada.

—Estás triste. Se te nota de lejos en la mirada —respondió Alex, quitándose uno de los audífonos.

—No estoy triste —mintió Juliana—. Solo que casi no conozco a nadie aquí. ¿Eres amiga de Maylín?

—Soy su prima lejana. Me llamo Mónica Alejandra González Traverso. Es un nombre larguísimo, ¿verdad? Por eso prefiero que me llamen Alex. ¿Y tú? ¿Eres amiga suya?

—Maylín y yo fuimos amigas durante la infancia en Chile —explicó Juliana.

—Ah, qué chévere. ¿Y vas a ver los partidos del Mundial?

—Sí, tal vez. Solo los más importantes —contestó Juliana—. ¿Y tú?

—La verdad, no me llama mucho la atención el fútbol masculino. Encuentro que los jugadores son demasiado llorones en la cancha —admitió Alex con franqueza—. Prefiero el fútbol femenino. Tengo una amiga, Celina, que juega de manera profesional.

Alex hizo una breve pausa, miró fijamente la pantalla de su teléfono móvil y su semblante melancólico se acentúo por un instante.

—Además —añadió Alex en voz baja, casi susurrando para sí misma—, estas fechas siempre me ponen un poco nostálgica. El 15 de mayo de 2001 falleció mi abuela Mónica. Yo apenas estaba naciendo aquí en Miami y nunca pude conocerla en persona, pero mi prima Fátima siempre la recuerda con mucho cariño cuando llega este mes... En fin, cosas de familia.

Antes de que Juliana pudiera consolarla, apareció Cote caminando junto a Cristina, la exuberante cantante española. Cristina reconoció a Alex al instante y se acercó a buscarle conversación.

—¿Alex? ¿De verdad eres tú? —exclamó Cristina.

—¿Cristina? ¡Vaya! No te veía desde los años de la secundaria —respondió Alex.

—¡Sí, claro! Como debes saber, gané un importante concurso de canto y ahora estoy impulsando mi carrera internacional. Te presento a Cote, mi fanático número uno.

Cote y Alex se estrecharon las manos cordialmente.

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De pronto, para gran sorpresa y conmoción de los presentes, la multitud se abre y aparece Matías. Juliana siente que el corazón se le sale del pecho al verlo llegar tan atractivo e imponente como el día en que se conocieron en Chile. De fondo se escuchan los acordes de «Por debajo de la mesa», la clásica balada popularizada por Luis Miguel a finales de los años noventa:

*«Y es que no sabes lo que tú me haces sentir / Si tú pudieras un minuto estar en mí / Tal vez, te fundirías a esta hoguera de mi sangre / Y vivirías aquí, y yo abrazado a ti...»*

—Hola, Juliana. Qué gran sorpresa encontrarte aquí —saluda Matías con una sonrisa radiante.

—Matías... qué sorpresa verte de nuevo —balbucea ella, tratando de mantener la compostura.

—Vine por la fiesta de Maylín. No podía perderme la inauguración de la sede del Mundial.

—¡Matías! —intervino Cote, dándole un abrazo efusivo a su antiguo amigo—. ¡Qué alegría verte por acá, hermano!

Juliana aprovecha el alboroto y la distracción de Cote para zafarse disimuladamente de la conversación y reunirse con Jorge Patricio en el otro extremo del salón. 

Momentos después, Matías busca a Juliana con la mirada y la descubre parada muy cerca de Jorge Patricio. Al notar la complicidad y la cercanía física entre ambos, Matías asumió de inmediato que el escritor es el nuevo novio de Juliana. Para evitar explicaciones dolorosas, Juliana decide sostener la mentira y seguirle la corriente.

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Poco después, Giselda llega al salón principal acompañada de Felipe. Al divisar a su hermano junto al grupo, se acercó decidida a saludar.

—¿Hermana? —exclama Jorge Patricio, completamente sorprendido por su presencia—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Hola, hermanito —responde ella con soltura—. Les presento a Felipe. Él me ha invitado a esta recepción.

Felipe estrechó cordialmente las manos de Jorge Patricio, Juliana y Matías. De inmediato, reconoce el rostro de Juliana por sus videos en internet.

—¿Eres Juliana, la del canal de cine? —pregunta Felipe—. Soy seguidor de tus videos. Eres realmente buena analizando películas.

—Pues me alegra mucho conocer a un seguidor por aquí, jijiji —responde Juliana con una tímida sonrisa.

Mientras Felipe conversaba amenamente con Juliana, Matías y Jorge Patricio, Giselda analiza la creciente tensión emocional entre ellos en cuestión de segundos. Sabedora de que quedarse allí parada significaba arriesgarse a que alguien descubriera más de la cuenta antes de la hora señalada para el golpe, decide actuar con astucia. Se integra brevemente a la charla sobre cine para desviar la atención de su presencia.

Aprovechando que Juliana, Matías, Felipe y Jorge Patricio quedaron completamente entretenidos en la conversación sobre la industria cinematográfica, Giselda da un par de pasos hacia atrás. Siente una breve vacilación al mirar a Felipe por última vez, pero la adrenalina pudo más. Con la agilidad de un felino, se escurrió sigilosamente entre la multitud de la fiesta hasta desaparecer de la vista del grupo.

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Pocos minutos después, las luces principales del salón parpadean y se apagan de golpe. El murmullo en la entrada del salón sube bruscamente de tono y cunde el pánico generalizado.

Tres mujeres vistiendo trajes tácticos oscuros ajustados y antifaces de cuero irrompieron en el recinto sembrando el caos. ¡Son "Las Pantojas"!

—¡Que nadie se mueva y todos mantengan las manos arriba! —ordenó la líder con voz firme—. Entreguen todas sus joyas y objetos de valor si no quieren problemas.

Los invitados, aterrorizados, comienzan a desprenderse de sus relojes de lujo, anillos y cadenas. Entre la multitud, un desorientado Felipe lleva minutos intentando reconocer a la chica de "lindos ojos" del otro día, sin imaginarse jamás que una de las audaces cómplices enmascaradas era su propia acompañante, Giselda.

Juliana intercambia una mirada de profundo asombro con Alex, quien desde su rincón con los audífonos puestos solo atinaba a observar el despliegue de glamour criminal y la cara de impacto de Felipe con una sonrisa irónica.

Tras llenar rápidamente el botín, las tres delincuentes se dieron a la fuga corriendo hacia los sombríos jardines de la propiedad.

Guiado por una corazonada instantánea y lleno de adrenalina, Jorge Patricio se lanza en su persecución. Cote, Matías y Juliana salieron tras él para brindarle apoyo. Gracias a su agilidad, Jorge Patricio logra acorralar a una de las prófugas en un callejón oscuro cerca de la piscina y, de un tirón certero, le arrancó la máscara.

Jorge Patricio se queda completamente paralizado por el impacto al descubrir el rostro de la asaltante.

—¿Giselda? —exclama él, con los ojos desencajados por la incredulidad—. ¿Qué está pasando aquí? ¡No me digas que tú eres una de "Las Pantojas"!

—¡Hermano, por favor! —suplica Giselda en un susurro desesperado, tomándolo del brazo—. Te lo explico todo más tarde, pero tienes que dejarme escapar ahora mismo... ¡Por favor, Jorge Patricio!

En ese preciso segundo, los pasos apresurados de Cote, Matías y Juliana comienzan a escucharse muy cerca. Jorge Patricio, confundido y con el corazón destrozado entre el deber y el amor por su familia, duda por un instante. Giselda aprovecha esa milésima de segundo de distracción para zafarse del agarre de su hermano y saltar hábilmente una verja, perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Cuando Cote, Matías y Juliana llegaron sofocados al callejón, encuentran a Jorge Patricio solo, contemplando la máscara negra entre sus manos, sin saber cómo explicarle al mundo que una de las criminales más buscadas de Miami es su propia hermana.

***CONTINUARÁ...

¿Qué hará Jorge Patricio ahora que descubre que una de las "Pantoja" es su propia hermana?
¿Que excusa le dirá Giselda a su hermano? 
¿Y que pasará con Matías y Juliana ahora que se volvieron a ver?
¿Milly podrá llenar el álbum Panini del mundial con Sebastián, Sara Elcy e Inés Lorena?
¿Qué hace en esta historia, Alex, de la foronovela "Chicas en Cuarentena"?

***La canción elegida es "Calibraciones" interpretada por Aparato Raro:

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