CAPITULO 4: DE TU AMOR (Con revisión de IA)
***Personaje recurrente:
*Fátima, prima de Maylín (Foto: Mayra Goñi):
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Es en ese instante cuando Paola voltea hacia el asiento trasero y nota que Giselda lleva el rostro completamente al descubierto.—Oye, Giselda... ¿y tu máscara? —pregunta Paola con el ceño fruncido.
Giselda lleva instintivamente la mano a su rostro, recordando el tirón seco y la mirada helada de su hermano en el callejón.
—Uy... me la quitaron. Se me quedó allá... ¡tenemos que volver! —exclama con un hilo de voz angustiada.
—¡¿Para nada?! —sentencia Paola con rotundidad—. Yo no pienso volver allá ni loca. Más bien, tenemos que enfocarnos en ver a quién le entregamos este botín.
—Pues a nosotras, ¿a quién más? —interviene Desireé sin apartar los ojos del camino, soltando una risotada.
Giselda lleva instintivamente la mano a su rostro, recordando el tirón seco y la mirada helada de su hermano en el callejón.
—Uy... me la quitaron. Se me quedó allá... ¡tenemos que volver! —exclama con un hilo de voz angustiada.
—¡¿Para nada?! —sentencia Paola con rotundidad—. Yo no pienso volver allá ni loca. Más bien, tenemos que enfocarnos en ver a quién le entregamos este botín.
—Pues a nosotras, ¿a quién más? —interviene Desireé sin apartar los ojos del camino, soltando una risotada.
—¿Estás loca, Desireé? —exclama Paola, indignada—. Yo nunca he dicho que este dinero sea enteramente nuestro. Claro que un porcentaje nos ayuda a subsistir, a darnos nuestros gustos y a saldar deudas con la sociedad, pero el grueso de este botín hay que enviarlo a quienes realmente lo necesiten. Nosotras tenemos un propósito.
—No te me pongas filosófica, Paola —se burla Desireé mientras acelera en una curva—. Hablas igualita al villano de una película barata de Hollywood.
—¡Para tu información, estoy citando a Bodhi, el personaje de Point Break! —replica Paola con orgullo—. Pero la versión original, la de 1991 con Patrick Swayze y Keanu Reeves. ¡Esa película es una joya cinematográfica y aplico su filosofía a nuestro grupo!
Para celebrar la victoria del golpe, Desireé sintoniza en el reproductor del auto «Así fue», el clásico tema interpretado por Isabel Pantoja que el grupo siempre utiliza como himno de la suerte tras cada atraco exitoso. La voz dramática de la tonadilla española resuena en el habitáculo mientras dejan atrás el perímetro de la policía.
—De todos modos —refunfuña Desireé—, aquí en este mundo la gente y la vida son una porquería. Al final, a cada quien solo le importa uno.
—No te me pongas filosófica, Paola —se burla Desireé mientras acelera en una curva—. Hablas igualita al villano de una película barata de Hollywood.
—¡Para tu información, estoy citando a Bodhi, el personaje de Point Break! —replica Paola con orgullo—. Pero la versión original, la de 1991 con Patrick Swayze y Keanu Reeves. ¡Esa película es una joya cinematográfica y aplico su filosofía a nuestro grupo!
Para celebrar la victoria del golpe, Desireé sintoniza en el reproductor del auto «Así fue», el clásico tema interpretado por Isabel Pantoja que el grupo siempre utiliza como himno de la suerte tras cada atraco exitoso. La voz dramática de la tonadilla española resuena en el habitáculo mientras dejan atrás el perímetro de la policía.
—De todos modos —refunfuña Desireé—, aquí en este mundo la gente y la vida son una porquería. Al final, a cada quien solo le importa uno.
—Cambiando de tema... —interrumpe Giselda con inquietud—, creo que debería regresar pronto al club. Felipe podría sospechar de mi ausencia repentina.
—Naaa, seguro ya te inventarás una buena excusa —dice Paola, mirándola por el espejo retrovisor con una sonrisa pícara—. Oye, te noto demasiado entusiasmada con ese odontólogo, ¿no?
—Es un buen chico... y la verdad es que me gusta mucho —admite Giselda, dejando entrever una ilusión sincera.
—Pues te recuerdo que yo lo vi primero en aquel asalto a la joyería —reclama Paola entre risas.
—Sí, pero él ni siquiera te reconoce porque cuando te vio llevabas puesta la máscara —se defiende Giselda con rapidez.
—¿Acaso vamos a pelear por un hombre en medio de un escape? —interviene Desireé—. Más bien concentrémonos en llegar a la guarida para esconder todo este botín.
Desireé cambia drásticamente la música del automóvil. Quita a Isabel Pantoja y pone a todo volumen «Uno, dos, ultraviolento», el icónico tema del grupo punk argentino Los Violadores, su canción favorita por las explícitas referencias al lenguaje Nadsat de la película La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick. Con el ritmo frenético de la guitarra, las tres mujeres se pierden en la noche con rumbo a su refugio secreto.
Mientras tanto, en el club, el caos comienza a ceder paso a una tensa calma. Las autoridades policiales ingresan al recinto para tomar declaración a los invitados y registrar la denuncia. Ninguno de los oficiales se explica cómo la banda ha logrado vulnerar el sofisticado despliegue de seguridad del evento.
—Naaa, seguro ya te inventarás una buena excusa —dice Paola, mirándola por el espejo retrovisor con una sonrisa pícara—. Oye, te noto demasiado entusiasmada con ese odontólogo, ¿no?
—Es un buen chico... y la verdad es que me gusta mucho —admite Giselda, dejando entrever una ilusión sincera.
—Pues te recuerdo que yo lo vi primero en aquel asalto a la joyería —reclama Paola entre risas.
—Sí, pero él ni siquiera te reconoce porque cuando te vio llevabas puesta la máscara —se defiende Giselda con rapidez.
—¿Acaso vamos a pelear por un hombre en medio de un escape? —interviene Desireé—. Más bien concentrémonos en llegar a la guarida para esconder todo este botín.
Desireé cambia drásticamente la música del automóvil. Quita a Isabel Pantoja y pone a todo volumen «Uno, dos, ultraviolento», el icónico tema del grupo punk argentino Los Violadores, su canción favorita por las explícitas referencias al lenguaje Nadsat de la película La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick. Con el ritmo frenético de la guitarra, las tres mujeres se pierden en la noche con rumbo a su refugio secreto.
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Mientras tanto, en el club, el caos comienza a ceder paso a una tensa calma. Las autoridades policiales ingresan al recinto para tomar declaración a los invitados y registrar la denuncia. Ninguno de los oficiales se explica cómo la banda ha logrado vulnerar el sofisticado despliegue de seguridad del evento.
Aleja llega tomada de la mano de Patrick, el tímido editor de libros, quien la ha mantenido escondida de manera protectora debajo de una mesa durante todo el asalto. Por su parte, Jorge Emilio aparece tomado de la mano de un apuesto francés que acaba de conocer en el área de los lavabos, donde ambos permanecieron ocultos en el baño durante el atraco.
En medio del tumulto, Felipe camina desorientado entre la gente, con la preocupación dibujada en el rostro mientras busca a su elegante acompañante.
—¿Alguien ha visto a Giselda? —pregunta a los presentes—. No la encuentro por ninguna parte.
A pocos metros, Jorge Patricio aprieta en su mano derecha la máscara de cuero que le ha arrancado a la asaltante. Siente un nudo sofocante en la garganta, incapaz de revelar a Felipe o a la policía que una de las criminales más buscadas de la ciudad es su propia hermana.
—Oye, Patricio —interviene Juliana, acercándose a él junto a Matías—. ¿Esa es la máscara de una de "Las Pantojas"? ¿Alcanzaste a ver a alguna de ellas en el jardín?
—Y dinos... ¿está bonita la delincuente? —agrega Cote con tono pícaro, ganándose de inmediato una mirada asesina y un codazo de celos por parte de Cristina.
En medio del tumulto, Felipe camina desorientado entre la gente, con la preocupación dibujada en el rostro mientras busca a su elegante acompañante.
—¿Alguien ha visto a Giselda? —pregunta a los presentes—. No la encuentro por ninguna parte.
A pocos metros, Jorge Patricio aprieta en su mano derecha la máscara de cuero que le ha arrancado a la asaltante. Siente un nudo sofocante en la garganta, incapaz de revelar a Felipe o a la policía que una de las criminales más buscadas de la ciudad es su propia hermana.
—Oye, Patricio —interviene Juliana, acercándose a él junto a Matías—. ¿Esa es la máscara de una de "Las Pantojas"? ¿Alcanzaste a ver a alguna de ellas en el jardín?
—Y dinos... ¿está bonita la delincuente? —agrega Cote con tono pícaro, ganándose de inmediato una mirada asesina y un codazo de celos por parte de Cristina.
—Es... es una persona común y corriente, como cualquiera de nosotros —balbucea Jorge Patricio, esquivando las miradas y ocultando la verdad a sus amigos.
Para apaciguar el nerviosismo colectivo, Maylín Espinoza toma el micrófono en el escenario principal e invita a todos los presentes a unirse en una sola voz para cambiar la energía de la noche. Comienza a entonar las estrofas de «Tu cariño se me va», el inmortal éxito del cantante chileno Buddy Richard:
Poco a poco, la música rodea el lugar. Cote, Matías, Juliana, Aleja, Jorge Emilio y hasta el propio Felipe se unen al coro, dejando fluir las tensiones a través del canto.
A un costado del salón, Alex permanece sentada en un sofá observando la escena con sus audífonos colgados al cuello. Su prima Fátima se acerca y se acomoda a su lado con un suspiro de cansancio.
—Uf... prima, qué pena contigo por semejante incidente —se disculpa Fátima, pasándose la mano por la frente.
Para apaciguar el nerviosismo colectivo, Maylín Espinoza toma el micrófono en el escenario principal e invita a todos los presentes a unirse en una sola voz para cambiar la energía de la noche. Comienza a entonar las estrofas de «Tu cariño se me va», el inmortal éxito del cantante chileno Buddy Richard:
“Tu cariño se me va / Se me va como el agua entre los dedos...”
Poco a poco, la música rodea el lugar. Cote, Matías, Juliana, Aleja, Jorge Emilio y hasta el propio Felipe se unen al coro, dejando fluir las tensiones a través del canto.
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A un costado del salón, Alex permanece sentada en un sofá observando la escena con sus audífonos colgados al cuello. Su prima Fátima se acerca y se acomoda a su lado con un suspiro de cansancio.
—Uf... prima, qué pena contigo por semejante incidente —se disculpa Fátima, pasándose la mano por la frente.
—¡Qué va, al contrario! ¡Pura adrenalina con esas delincuentes! —exclama Alex con una sonrisa desencajada—. ¡Estuvo super genial!
—¿De verdad no estás en shock ni con ataque de pánico? —pregunta Fátima, asombrada por su serenidad.
—¿Y por qué tendría que estar en pánico? Estamos sanas y salvas, ¿no?
—Bueno, sí... pero tuvimos que entregar nuestros objetos de valor.
—Eso es puramente material, prima. Lo importante es la vida y que nadie salió herido. Mira allá a los demás, ¿ves cómo cantan? La vida sigue.
Horas más tarde, tras dejar el botín a buen resguardo, las tres bellas delincuentes salen de su escondite secreto y toman rumbos opuestos como si nada hubiera ocurrido.
—¿De verdad no estás en shock ni con ataque de pánico? —pregunta Fátima, asombrada por su serenidad.
—¿Y por qué tendría que estar en pánico? Estamos sanas y salvas, ¿no?
—Bueno, sí... pero tuvimos que entregar nuestros objetos de valor.
—Eso es puramente material, prima. Lo importante es la vida y que nadie salió herido. Mira allá a los demás, ¿ves cómo cantan? La vida sigue.
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Horas más tarde, tras dejar el botín a buen resguardo, las tres bellas delincuentes salen de su escondite secreto y toman rumbos opuestos como si nada hubiera ocurrido.
Paola llega a su loft, un acogedor apartamento-estudio individual decorado con un póster de Patrick Swayze en Point Break. Se despoja de toda la ropa y se lanza sobre la cama con alivio. De fondo escucha «Besarte despacio» de Pablo Herrera. Al sonar la melodía, se acuerda de Robert, su antiguo novio en Chile, quien la dejó abandonada para casarse con la persona que ella consideraba su mejor amiga. A pesar de aquella traición, una lágrima se desliza por su mejilla al recordar a Robert; todavía lo quiere, aunque recordarlo le duela en el alma.
Posteriormente suena «Solo vivo para ti» del grupo Jeans. Paola piensa en Rafael, otra de sus viejas conquistas en Chile. “¿Qué estará haciendo ese gallo? No sé nada de él... ¿Seguirá en Chile?”, se pregunta.
Sin embargo, sus pensamientos se desvían de inmediato hacia Felipe, el odontólogo, y aquel primer encuentro durante el atraco a la joyería. Siente que hubo una atracción instantánea a pesar de que él no pudo verle el rostro, pues llevaba la máscara puesta y solo pudo contemplarle los ojos. Al darse cuenta de que Giselda ha puesto la mira en el odontólogo, Paola decide no quedarse de brazos cruzados y buscar la manera de conquistarlo.
Posteriormente suena «Solo vivo para ti» del grupo Jeans. Paola piensa en Rafael, otra de sus viejas conquistas en Chile. “¿Qué estará haciendo ese gallo? No sé nada de él... ¿Seguirá en Chile?”, se pregunta.
Sin embargo, sus pensamientos se desvían de inmediato hacia Felipe, el odontólogo, y aquel primer encuentro durante el atraco a la joyería. Siente que hubo una atracción instantánea a pesar de que él no pudo verle el rostro, pues llevaba la máscara puesta y solo pudo contemplarle los ojos. Al darse cuenta de que Giselda ha puesto la mira en el odontólogo, Paola decide no quedarse de brazos cruzados y buscar la manera de conquistarlo.
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Usando internet, Paola averigua la ubicación exacta del consultorio de Felipe. Al día siguiente se mantiene vigilante cerca del lugar hasta verlo salir a la hora del almuerzo hacia un restaurante cercano. Se viste de forma sensual y coqueta, con un favorecedor escote y una minifalda diseñada para acaparar miradas atrevidas.
Felipe se encuentra almorzando solo en un acogedor restaurante cubano, disfrutando del menú del día: vaca frita con frijoles negros y plátanos maduros. De pronto, Paola se acerca con paso firme y sonrisa coqueta.
—Hola, guapo, ¿qué haces almorzando solito?
—¿Perdón? —responde Felipe, sorprendido.
—Disculpa, es que está tan lleno el restaurante que no hay asientos libres. ¿Me puedo sentar contigo?
—Está bien. Toma asiento.
Paola se acomoda frente a él, cruzando sensualmente sus lindas y torneadas piernas. Al inicio, Felipe mantiene la vista baja sin fijarse bien en su rostro.
—Te he visto todo el tiempo aquí. ¿Vienes seguido a este lugar?
—Me gusta la comida cubana. Este es el mejor restaurante del sector —comenta Felipe de forma educada.
—Bueno, olvidé presentarme. Mi nombre es Paola.
—Me llamo Felipe.
—Hola, guapo, ¿qué haces almorzando solito?
—¿Perdón? —responde Felipe, sorprendido.
—Disculpa, es que está tan lleno el restaurante que no hay asientos libres. ¿Me puedo sentar contigo?
—Está bien. Toma asiento.
Paola se acomoda frente a él, cruzando sensualmente sus lindas y torneadas piernas. Al inicio, Felipe mantiene la vista baja sin fijarse bien en su rostro.
—Te he visto todo el tiempo aquí. ¿Vienes seguido a este lugar?
—Me gusta la comida cubana. Este es el mejor restaurante del sector —comenta Felipe de forma educada.
—Bueno, olvidé presentarme. Mi nombre es Paola.
—Me llamo Felipe.
—¿A qué te dedicas? —pregunta Paola, haciéndose la que no sabe nada.—Soy odontólogo.
—Qué bien... justo tengo una caries que me molesta, quizás me puedas ayudar.
—Saca una cita en el consultorio —responde él con profesionalismo.
—Ok, guapo. Como tú digas.
Es en ese preciso instante cuando Felipe levanta la mirada directamente hacia Paola. Ambos se miran fijamente a los ojos. Un destello de memoria cruza la mente del médico: reconoce de inmediato a la chica de los "ojos lindos" que lo impactó durante el atraco a la joyería.
—¿Nos hemos visto antes, señorita? —pregunta Felipe, intrigado.
—No creo... —responde Paola con tono coqueto—, pero es un gusto almorzar contigo.
—Es un placer —admite Felipe, contemplando fascinado la mirada de Paola.
Los dos sostienen un contacto visual magnético. Sin embargo, la magia se rompe de golpe cuando Giselda entra al restaurante y los descubre juntos. Al ver a Paola almorzando con el odontólogo, Giselda se llena de coraje y celos. Felipe advierte la presencia de Giselda en la entrada y, levantando la mano, la invita cordialmente a unirse a la mesa. Paola y Giselda intercambian una mirada cargada de tensión, disimulando perfectamente y fingiendo que acaban de conocerse en ese instante.
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Por su parte, en Los Ángeles, California, Ruth se entera del audaz asalto de "Las Pantojas" en el exclusivo club de Miami. Sabiendo que Matías estuvo presente en la recepción, lo llama preocupada a su celular y realizan una videoconferencia.
—¿Aló, Matías? Supe del asalto. ¿Todo bien contigo?
—Todo bien, mi amor. No te preocupes. Se llevaron cosas materiales, pero todos estamos bien. Juliana y yo fuimos tras las asaltantes pero se nos escaparon.
—¿Juliana? ¿Y ella cómo está?
—Todo bien. Ahora me voy a encontrar con ella.
—Mándale muchos saludos. No veo la hora de conocerla en persona.
—Y la conocerás, te darás cuenta de que es una gran persona.
—Te quiero.
—Yo también te quiero.
Ruth le pide un beso a través de la pantalla. Matías besa el cristal de su celular y ambos cuelgan al mismo tiempo.
—Todo bien, mi amor. No te preocupes. Se llevaron cosas materiales, pero todos estamos bien. Juliana y yo fuimos tras las asaltantes pero se nos escaparon.
—¿Juliana? ¿Y ella cómo está?
—Todo bien. Ahora me voy a encontrar con ella.
—Mándale muchos saludos. No veo la hora de conocerla en persona.
—Y la conocerás, te darás cuenta de que es una gran persona.
—Te quiero.
—Yo también te quiero.
Ruth le pide un beso a través de la pantalla. Matías besa el cristal de su celular y ambos cuelgan al mismo tiempo.
En ese momento, entra Milly con una caja llena de sobres de láminas del álbum del Mundial 2026 y un álbum nuevo para coleccionar.
—¿Qué llevas allí? —pregunta Ruth, curiosa.
—¿Esto? —dice Milly—. Compré otro álbum del Mundial. Es para regalárselo a Sebastián y la caja es para pegar las figuritas con él.
—¿Tanto te gusta ese chico?
—Es un buen chico. Ahora voy a la pizzería donde trabaja para hacer intercambio. ¿Me acompañas?
—Bueno... está bien.
Milly y Ruth se dirigen a la pizzería. Al llegar, Sebastián reconoce a Ruth por la entrega de pizza de días atrás.
—Hola, guapo —dice Milly con coquetería—. Te compré el álbum Panini del Mundial y la mitad de las figuritas de la caja para que empieces a llenarlo.
—Pues gracias, eres muy amable —responde Sebastián con una sonrisa radiante—. ¿Quieren algo para comer o tomar?
Sebastián atiende a las chicas con amabilidad y ellas piden una pizza mediana de pepperoni con anchoas. Milly le entrega el álbum y los sobres a Sebastián, quien le agradece entusiasmado el detalle. En ese instante, ingresan las actrices Sara Elcy e Inés Lorena comentando animadamente sobre el asalto de "Las Pantojas" en Miami, mencionando que la famosa actriz Fátima Traverso estuvo presente durante el robo.
—¿Qué llevas allí? —pregunta Ruth, curiosa.
—¿Esto? —dice Milly—. Compré otro álbum del Mundial. Es para regalárselo a Sebastián y la caja es para pegar las figuritas con él.
—¿Tanto te gusta ese chico?
—Es un buen chico. Ahora voy a la pizzería donde trabaja para hacer intercambio. ¿Me acompañas?
—Bueno... está bien.
Milly y Ruth se dirigen a la pizzería. Al llegar, Sebastián reconoce a Ruth por la entrega de pizza de días atrás.
—Hola, guapo —dice Milly con coquetería—. Te compré el álbum Panini del Mundial y la mitad de las figuritas de la caja para que empieces a llenarlo.
—Pues gracias, eres muy amable —responde Sebastián con una sonrisa radiante—. ¿Quieren algo para comer o tomar?
Sebastián atiende a las chicas con amabilidad y ellas piden una pizza mediana de pepperoni con anchoas. Milly le entrega el álbum y los sobres a Sebastián, quien le agradece entusiasmado el detalle. En ese instante, ingresan las actrices Sara Elcy e Inés Lorena comentando animadamente sobre el asalto de "Las Pantojas" en Miami, mencionando que la famosa actriz Fátima Traverso estuvo presente durante el robo.
—¿Quién es Fátima Traverso? —pregunta Milly con extrañeza.
—¿No saben quién es? —interviene Inés Lorena—. Es la actriz más famosa de las telenovelas latinas.
—Yo no veo telenovelas —responde Milly con indiferencia.
—Yo sí la conozco —afirma Sebastián con admiración—. Es mi favorita. Claro, después de ustedes, por supuesto.
—Y tú —pregunta Sara Elcy dirigiéndose a Ruth—, ¿conoces a Fátima Traverso?
—He escuchado hablar de ella —comenta Ruth—, pero no he visto su trabajo.
—¿No saben quién es? —interviene Inés Lorena—. Es la actriz más famosa de las telenovelas latinas.
—Yo no veo telenovelas —responde Milly con indiferencia.
—Yo sí la conozco —afirma Sebastián con admiración—. Es mi favorita. Claro, después de ustedes, por supuesto.
—Y tú —pregunta Sara Elcy dirigiéndose a Ruth—, ¿conoces a Fátima Traverso?
—He escuchado hablar de ella —comenta Ruth—, pero no he visto su trabajo.
—¿Saben algo? —agrega Inés Lorena—. Fátima viene a Los Ángeles a filmar una nueva telenovela.
—Sería genial conocerla —sonríe Sebastián de oreja a oreja, lo que pone ligeramente incómoda y celosa a Milly.
En ese momento, suena en el local «It's Raining Again» de la banda Supertramp.
—¡Ay, esa canción me encanta! —exclama Ruth con nostalgia—. ¡Con esa canción conocí a Matías!
—¡Bah! —suspira Milly—. Es una canción viejísima.
—A mí me gusta —defiende Sebastián—. Soy un "chiquiviejo" para los gustos musicales y me fascina la música de antes.
—A nosotras también nos encanta —coinciden Sara Elcy e Inés Lorena.
Animadas por el ritmo, Ruth, Milly, Sara Elcy e Inés Lorena se levantan a bailar al compás de la clásica canción:
“It's raining again / Oh no, my love's at an end / Oh no, it's raining again / And you know it's hard to pretend...”
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De vuelta en Miami, Aleja va a visitar a su amiga Juliana a su condominio. En el pasillo se cruza con Patrick.
—Te portáis como todo un héroe, Patrick —dice Aleja de forma coqueta, dándole un toque cariñoso en el brazo.—No es nada —responde Patrick encorvando los hombros con timidez—. Era mi deber. No podía dejarte desamparada durante el robo.
—¿Y qué vais a hacer ahora?
—¿Yo? Pues descansar. He tenido un día bastante agitado en el trabajo.
Aleja y Patrick se miran a los ojos fijamente. En ese preciso momento, aparece Matías caminando por el pasillo con un hermoso ramo de rosas rojas para Juliana.
—¿Aleja? —dice Matías—. Qué bueno verte.
—Hola, Matías —saluda Aleja—. Vengo a visitar a la Juliana, po. ¿Ya conocí al Patrick? Él estuvo en la fiesta del otro día.
Matías reconoce a Patrick y ambos se dan un estrechón de manos. Patrick pide permiso con educación y entra a su apartamento. Aleja presiona el timbre del apartamento de Juliana, quien abre la puerta al instante.
—Juli, ¿cómo estáis, po? Mira quién viene conmigo... ¡el Matías! —anuncia Aleja con entusiasmo.
—Hola, Juliana —saluda Matías con una sonrisa cálida.
A Juliana le brillan los ojos al ver a Matías parado en su puerta sosteniendo las rosas. Con el corazón agitado, invita a sus amigos a pasar al apartamento.
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Lee titulares tras titulares: "Las Pantojas roban otra joyería en El Doral", "Otro golpe de Las Pantojas", "¿Quiénes son Las Pantojas?", "¿Unas Robin Hood modernas?", "Las Pantojas vuelven a escaparse", "Las ladronas más populares del momento". Revisa reportajes en YouTube, declaraciones de la policía y testimonios de personas de sectores humildes que han recibido ayuda anónima de la banda, confirmando el respaldo de la gente que se niega a delatarlas.
Jorge Patricio no puede asimilar que una de esas misteriosas mujeres sea su propia hermana menor, Giselda. Cita a su hermana urgentemente a su departamento para encararla a solas.
Cuando Giselda cruza la puerta, nota de inmediato la atmósfera pesada de la habitación. Jorge Patricio está de pie junto al ventanal, de espaldas a ella. Sin pronunciar palabra, saca del bolsillo de su saco la máscara táctica de cuero negro y la lanza sobre la mesa de centro con un golpe seco.
Giselda da un paso atrás, sofocando un ahogo. Su rostro se desfigura.
—¿Pensaste que no me daría cuenta, Giselda? —pregunta Jorge Patricio, girándose lentamente con la mirada inyectada en dolor y desconcierto—. Te vi en el pasillo del club. Fui yo quien te arrancó esto de la cara.
Giselda traga saliva, buscando infructuosamente una mentira piadosa o una vía de escape, pero la mirada inquisidora de su hermano la desarma por completo.
—Jorge... puedo explicártelo —farfulla con la voz temblorosa.
—¡¿Explicarme qué?! —alza la voz Jorge Patricio, acortando la distancia entre ambos—. ¡Que mi propia hermana, la profesional, la mujer educada que vive en Miami, es una de las delincuentes más buscadas por el FBI y la policía local! ¡Giselda, te arriesgas a que te metan veinte años en una cárcel federal o a que te peguen un tiro en un callejón!
Giselda deja caer su bolso al suelo y se cubre el rostro con las manos. Por primera vez en mucho tiempo, la armadura de "Pantoja" se desmorona frente a la persona que mejor la conoce.
—¡Todo empezó como un juego absurdo, Jorge! —confiesa Giselda, rompiendo en un llanto contenido—. Era una protesta, una broma con un par de amigas para desafiar a la gente poderosa que se burla del sistema... ¡Te juro que jamás pensamos que esto escalaría a semejante nivel! Pero el personaje nos devoró. La gente humilde empezó a vernos como heroínas, la prensa creó el mito y ya no supimos cómo frenar.Jorge Patricio niega con la cabeza, angustiado, tomándola firmemente por los hombros.
—Dime quiénes son las otras dos. ¿Tiene esto algo que ver con Desireé, la cocinera del restaurante con la que te vi el otro día?
Giselda levanta la mirada bruscamente, con el corazón martilleándole en el pecho. Sabedora de la lealtad que le debe a sus compañeras, reúne todas sus fuerzas para sostener la mirada de Jorge Patricio sin parpadear.
—¿Desireé? ¡No, por Dios, Jorge, claro que no! —miente con firmeza calculada—. Te juro por la memoria de nuestros padres que ella no tiene nada que ver. Es solo una compañera de trabajo. Las otras personas son de fuera, nadie a quien tú conozcas. No metas a gente inocente en esto.
Jorge Patricio la observa en silencio durante unos segundos angustiosos, analizando los microgestos de su rostro. Como escritor observador, detecta la grieta en la respuesta de su hermana, la duda razonable de que está encubriendo a sus cómplices, pero el amor de hermano mayor pesa más que cualquier sospecha legal.Camina hacia su escritorio, abre un cajón con cerrojo de seguridad, guarda la máscara táctica de cuero dentro y le pasa la llave al cajón, sellando simbólicamente el secreto compartido.
—Voy a guardar este secreto porque eres mi hermana y te amo con la vida... —dice Jorge Patricio con tono grave y solemne—. Pero me parte el corazón ver en tus ojos que sigues atrapada en esa adrenalina. Tienes que prometerme, Giselda, que vas a buscar la manera de salirte de esa banda antes de que sea demasiado tarde. Un error más y no habrá hermano ni milagro que te salve de la cárcel.
Giselda lo abraza con desesperación, ocultando el rostro en su pecho.
—Te lo prometo, Jorge... te lo prometo —susurra entre lágrimas, aunque por dentro siente el peso aplastante de saber que desligarse de "Las Pantojas" es una promesa casi imposible de cumplir.
Tras despedir a Giselda, Jorge Patricio se queda a solas en la penumbra de su sala. Siente el pecho oprimido por la moral, el miedo por el destino de su hermana y la fascinación por la doble vida que acaba de descubrir. Guiado por ese torbellino de emociones, se sienta frente a su máquina de escribir y su computadora: la tensión, el secreto familiar y el mito de las enigmáticas asaltantes se transforman en la chispa perfecta que enciende su novela más personal y ambiciosa.
CONTINUARÁ...
¿Por qué Matías le compra flores rojas a Juliana?
¿Milly y Sebastián lograrán llenar el álbum Panini del Mundial?
¿Podrá salirse Giselda de Las Pantojas?
¿La letra de "It´s raining again" será una premonición a la relación de Ruth y Matías?
***La canción elegida es "It´s raining again" interpretada por Supertramp:

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