CAPITULO 5: DE TU AMOR (Con revisión de IA)


CAPITULO 5: DE TU AMOR (Con revisión de IA)

Mientras tanto, en su apartamento de Brickell, después de conversar con su hermana Giselda, Jorge Patricio camina a pasos agigantados de un extremo a otro de la sala. El lugar permanece en penumbras, iluminado solo por la tenue luz ámbar de una lámpara de pie. Sobre el escritorio descansa la máquina de escribir y, a un lado, la llave metálica que sella el cajón donde guarda la máscara táctica de su hermana.

De fondo suena «Calibraciones», de Aparato Raro, pero Jorge Patricio apenas escucha la melodía. El dilema moral le devora las entrañas: por un lado, siente pánico por la vida de Giselda y el riesgo inminente de la cárcel; por el otro, la revelación de la doble vida de "Las Pantojas" ha encendido en su mente de escritor una chispa narrativa voraz e efervescente.
Se sienta frente al teclado, inserta una hoja de papel en blanco y comienza a teclear con furia contenida:

“CAPÍTULO I: LA SOMBRA BAJO LA PIEL. Existen mujeres que habitan la noche no para esconderse, sino para reescribir la justicia que el mundo les negó...”

Unos golpes suaves en la puerta interrumpen el ritmo frenético de las teclas. Jorge Patricio se sobresalta, guarda la hoja rápidamente dentro de una libreta y se acerca a abrir.

Al otro lado del umbral aparece Desireé, luciendo una chaqueta de cuero y sosteniendo una fiambrera de cristal humeante.

—Hola, mi escritor —saluda Desireé con una sonrisa amplia y cálida—. Pasaba cerca del restaurante y me dije: “A este rolito seguro se le olvidó almorzar por estar metido en sus musas”. Te traje un ajiaco bien caliente, como a ti te gusta.

Jorge Patricio la mira atónito, conmovido por el gesto impredecible.

—Bueno, gracias, Desireé, pero... ¿cómo me ubicaste?

—Me encontré con tu hermanita Giselda. Se veía algo alterada. ¿Pasó algo?

—Nada de qué preocuparse. Tú sabes que la situación está muy difícil. Pero, bueno, gracias por el ajiaco con pollo... no tenías por qué molestarte, de verdad.

—Ninguna molestia, guapo. Espero que sientas el dulce sabor de la "tierrita".

Desireé entra al apartamento sin pedir permiso, dejando una ráfaga de perfume especiado en el aire. Deposita la fiambrera en la cocina y camina curiosa hacia el escritorio de trabajo. Jorge Patricio siente que el corazón se le detiene al verla acercarse a la zona donde guarda los borradores y el secreto de la banda.

—Conque aquí es donde ocurre la magia... —comenta Desireé, rozando la superficie de la máquina de escribir con la yema de sus dedos—. Te ves tenso, Jorge Patricio. Tienes la mirada de alguien que descubrió un tesoro peligroso.

Jorge Patricio la observa fijamente, recordando que Giselda le juró que Desireé no tenía nada que ver con las criminales, pero la actitud desenvuelta y la serenidad de la chef despiertan todas sus alertas de observador.

—Hay verdades que pesan más que la ficción, Desireé —responde él con tono grave, acercándose a ella—. A veces uno no sabe si proteger a quien ama o contar la historia antes de que la tragedia se adelante.

Desireé se gira despacio, quedando a escasos centímetros de su rostro. Sostiene su mirada con una mezcla de seducción y firmeza protectora.

—Si la historia vale la pena, mi amor, hay que escribirla sin miedo. Pero recuerda algo: los verdaderos héroes nunca revelan la identidad de sus aliados. Se guardan el secreto hasta la tumba.

Un silencio cargado de electricidad romántica y suspenso se apodera de la habitación. Desireé le sonríe con dulzura, le da un pequeño toque en la barbilla y da un paso atrás.

—Cómete el ajiaco antes de que se enfríe. Nos vemos luego, escritor —dice Desireé, guiñándole un ojo.

Él suspira profundamente, deslumbrado por tan bellísima mujer.

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Al día siguiente, Paola camina sola por el paseo marítimo, protegida detrás de unas oscuras gafas de sol. Su mente viaja al reciente reencuentro con Giselda y el apuesto odontólogo en un restaurante. Paola recuerda a Felipe con el corazón acelerado desde el día del atraco a la joyería, cuando cruzaron miradas y él quedó fascinado por sus «ojos lindos» bajo la máscara.

—Hola, qué bueno verlos almorzando —les dice Paola a Felipe y Giselda al acercarse a su mesa.

—Hola, ¿Paola, verdad? Pues acompáñanos a almorzar —responde Felipe amablemente—. Aquí estoy teniendo una agradable plática con Giselda. Es curioso, a ella le gustan los deportes extremos y a mí también me encanta sentir la adrenalina.

—Qué bueno escuchar eso...

Paola se sienta a almorzar con ellos, pero al ver la complicidad entre ambos, siente una puñalada de rabia y celos. Minutos después, en un instante a solas, Paola encara a Giselda en un susurro amargo:

—Te recuerdo que yo lo vi primero en la joyería, Giselda. Sé perfectamente la clase de juego que estás jugando con el odontólogo.

Giselda, sin perder la compostura, le responde con frialdad:

—Él ni siquiera sabe quién eres, Paola. Para él solo eres un fantasma con máscara. Conmigo, en cambio, comparte la mesa a cara descubierta.

Paola suspira con pesadez. Saca su teléfono y reproduce «Atada a un sentimiento», sintiendo cómo la canción retrata el nudo en su garganta. No solo le pesa la competencia con Giselda por Felipe, sino el temor latente a que el secreto de la banda termine destruyendo la lealtad entre ellas. En ese instante, Giselda y Felipe anuncian que irán a andar en jet ski. Paola acepta encantada la invitación con tal de estar cerca de su amado Felipe.

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Días después, tras una temporada de trabajo en Los Ángeles, California, las actrices Sara Elcy Muriel e Inés Lorena Puig regresan al calor vibrante de Miami, la Ciudad del Sol. Todavía no se percibe un ambiente mundialista masivo en las calles, aunque ya se siente el ambiente en la fan zone de Bayside (en el Bayfront Park) y se exhibe una pelota gigante de concreto en el Dolphin Mall, junto a estatuas de bienvenida a las selecciones participantes.

Ambas reanudan las grabaciones de la nueva telenovela «Tengo que olvidarte», una adaptación del libretista mexicano Hersol Navarro. La historia está supuestamente ambientada en el puerto de Tampico, México, pero salvo algunos exteriores, se graba por completo en los estudios de Miami. La trama narra la vida de Marivane: “una joven alegre y soñadora, con muchas ansias de vivir, una familia noble y el amor de Gustavo, un aficionado a las carreras de autos. Sin embargo, el destino le juega una mala pasada cuando Marivane termina involucrándose con Rodrigo, un amigo de Gustavo que siempre la amó en secreto”.

La producción es protagonizada por la reconocida actriz Fátima Traverso, mientras que Sara Elcy e Inés Lorena interpretan a los personajes secundarios Vilma y Eugenia. Para capturar con precisión el acento mexicano, ambas tomaron clases intensivas con el prestigioso profesor caleño Javier Hernando Santamaría.

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Sara Elcy, con su inagotable calidez caleña, luce con orgullo la camiseta de su selección mientras camina por la zona turística. A su lado, Inés Lorena, con esa chispa internacional que pulió en sus años de actuación por Lima, Buenos Aires, Bogotá y Miami, graba videos para sus redes sociales. De los altavoces de un local cercano brotan los acordes de «Matador», de Onda Sabanera, haciendo bailar a los transeúntes.

—No puedo creer lo rápido que pasaron los días en Los Ángeles, Inés —comenta Sara Elcy, acomodándose el cabello—. Pero qué alegría se siente estar de vuelta en Miami. Después de tantas semanas de grabación, vivir la fiesta del Mundial aquí es el mejor guion que nos pudo tocar.

—Es verdad, Sara —sonríe Inés Lorena mientras enfoca a la multitud con la cámara de su celular—. ¡Y mira allá! Parecemos un reparto internacional.

—Oye, Inés Lorena —le dice Sara Elcy—, ¿no te molesta que, con toda tu trayectoria en Lima, Buenos Aires y Bogotá, interpretes a un personaje secundario?

—¡Para nada! ¡El trabajo escasea y hay que aprovechar las oportunidades! —exclama Inés Lorena con una carcajada—. Lo que verdaderamente me tuvo al borde de un colapso no fue el libreto del mexicano Hersol Navarro, sino las clases de acento neutro con el ilustre crítico colombiano Javier Hernando Santamaría.

Sara Elcy se echa a reír con ganas recordando el suplicio.

—¡Ay, no me me recuerdes a Santamaría, por favor! —se mofa Sara Elcy imitando un tono engolado y trágico—. El hombre casi convulsiona en el set cada vez que a una colombiana o a una peruana se le escapaba una "s" o una muletilla local. ¡Decía que ver a actrices suramericanas forzando el cantadito mexicano en estudios de Miami era un crimen de lesa patria televisiva que le sangraba los oídos!

—¡Exacto! —añade Inés Lorena haciendo ademanes dramáticos—. Nos amenazó con redactar una columna destructiva de tres páginas en la prensa si osábamos decir "¡oíste, ve!" o "po" en mitad de una escena romántica ambientada en Tampico. Tuve que tragarme todo mi acento para que el señor no nos vetara en su blog.

—En fin... cosas de la actuación —concluye Sara Elcy sonriendo con picardía—. Al menos el viejo Santamaría nos dejó finas con el "órale, güey".

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En ese momento aparece Milagros, la recepcionista peruana del consultorio odontológico de Felipe. Aunque la selección de su país no clasificó al torneo, ella no piensa perderse la fiesta del fútbol y planea ver los partidos más importantes. Sin embargo, en el fondo sigue fascinada por los atracos de "Las Pantojas". Para Milagros, las tres mujeres enmascaradas no son delincuentes, sino heroínas capaces de desafiar a los poderosos. En lo más profundo de su alma, Milagros abriga el sueño secreto de unirse a la banda.

—¡Muchachas! —exclama Milagros, abrazándolas con efusividad—. ¡Miren este ambiente! ¿Vieron las noticias? Dicen que Las Pantojas volvieron a burlar a la policía. ¡Esas mujeres tienen agallas de acero! Ojalá me reclutaran algún día.
—¡Por favor, Milagros! No digas disparates, que tú eres una chica buena —se ríe Inés Lorena, tomándole una foto espontánea mientras suena de fondo «Hay que venir al sur», de Raffaella Carrà.

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Mientras tanto, en un rincón más apacible de Brickell, Jorge Emilio contempla el horizonte desde la terraza del apartamento de Juliana. Sostiene una taza de té entre sus manos mientras repasa los trazos de su libreta de dibujo. Detrás de su elegancia y conversación fluida se esconde un alma profundamente sensible, hecha de cristal, que lleva las cicatrices del rechazo.

Jorge Emilio no huyó de su país natal por un capricho profesional; emigró buscando refugio tras sufrir la discriminación implacable de una sociedad conservadora y el rechazo de su propia familia al descubrir su orientación sexual. Para él, el amor no es un juego: ama con una intensidad absoluta, apasionada y sin reservas, entregando el corazón por completo cuando encuentra a alguien sincero.

Juliana se acerca en silencio y se sienta a su lado, notando la mirada nostálgica de su amigo. De fondo suena la melancólica melodía de «Eternos Días de Invierno», del grupo Malcorazón.

—Te ves pensativo, Jorge Emilio... —comenta Juliana con voz suave.

—Recordaba el día que dejé mi tierra, Juli —confiesa él, con una sonrisa triste—. En nuestros países, a veces amar a la persona equivocada te convierte en un extraño para tu propia sangre. Vine a este país buscando libertad para crear, para pintar y para amar sin tener que pedir perdón por existir. Cuando me entrego a alguien, lo hago sin escudos, al cien por cien... y tal vez por eso me duele tanto el prejuicio ajeno.

—Aquí estás seguro, Jorge Emilio —le responde Juliana, colocándole una mano afectuosa sobre el hombro—. Aquí tu talento y tu corazón valen oro. Tu arte habla por ti.

Jorge Emilio sonríe con gratitud genuina, reconfortado por la empatía de su amiga.


—Bueno, Jorge Emilio —dice Juliana—, te cuento que me voy a Francia.

—¿Me vas a dejar, Juli?

—Es solo por unos días. Me voy a cubrir el Festival de Cine de Cannes... y me voy con una "amiga" —añade Juliana refiriéndose a Ruth con sutil ironía.

—¿Una amiga? ¿La conozco?

—No. Se llama Ruth y es una amiga de Los Ángeles... la prometida de Matías.

—¿Matías? ¿El guapo del que me platicaste? ¿Y vas a ir a Cannes con la prometida de tu amigo?

—Así es. Matías insistió en que nos conociéramos. Pero la verdad no sé cómo reaccionar. No me siento bien viéndola a la cara, pero lo hago por él.

—Te entiendo, Juli. Oye, ¿y te vas a encontrar con Sabina?

—Sí, claro que me voy a encontrar con ella.

—Le mandas saludos de mi parte... y también a los guapos franceses que te cruces en Cannes.

—Por supuesto que sí, amigo mío.

—Cuídate mucho, Juli.

Ambos se abrazan con sincera fraternidad.

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Al mismo tiempo, en el centro de la ciudad, Jorge Patricio camina a pasos agigantados hacia la cafetería donde ha quedado en encontrarse con su editor, Patrick, y con Aleja. En el bolsillo interno de su chaqueta lleva la libreta donde ha comenzado a volcar la inspiración que nació tras descubrir la verdad sobre su hermana.

Jorge Patricio se sienta en la mesa donde Patrick y Aleja comparten un café. Patrick, intentando vencer su timidez crónica, sostiene con delicadeza la mano de Aleja, dedicándole palabras torpes pero sinceras.

—He estado pensando en lo que pasó la noche de la fiesta, Aleja —dice Patrick, sonrojado—. No soy un hombre de acción, pero cuando vi el peligro... solo quería protegerte.

—Ay, Patrick... si al final resultaste ser todo un caballero andante, po —sonríe Aleja, apretándole los dedos con ternura.

—Lamento la interrupción, chicos —interviene Jorge Patricio, sacando su libreta con manos temblorosas—. Necesito que leas esto, Patrick. Es el primer borrador de mi nueva novela.

Patrick se acomoda las gafas y repasa las hojas manuscritas. A medida que sus ojos recorren las líneas, su expresión cambia del asombro a la fascinación. La historia narra el dilema moral de un hombre que descubre que el ser que más ama en el mundo lidera una red clandestina de justicia rebelde.

—Jorge Patricio... esto es deslumbrante —murmura Patrick, conmovido—. La fuerza dramática, el conflicto familiar, la psicología de la protagonista... Tiene una sensibilidad casi trágica. ¿De dónde sacaste esta idea?

Jorge Patricio traga saliva, mirando fijamente la mesa mientras escucha a lo lejos los acordes de «Calibraciones», de Aparato Raro.

—De la vida misma, Patrick... De las máscaras que todos llevamos puestas para sobrevivir.

En ese instante aparece Alex, la prima lejana de Maylín, quien reconoce a Aleja y a Jorge Patricio.

—Hola, pasaba por aquí y los vi —saluda Alex con timidez.

—Perdón, ¿tú eres...? —pregunta Aleja.

—Soy Alex, la prima de Maylín. Yo sí me acuerdo de ustedes; estaban en la fiesta de inauguración del Mundial que organizó mi prima.

—Yo me acuerdo de ti —interviene Patrick.

—Estamos en una reunión importante —le dice Aleja—. ¿Te podrías retirar?

—Sí, disculpen... —responde Alex apenada.

—Oye —la interrumpe Jorge Patricio—, ¿a qué te dedicas?

—Me dedico a navegar por la web en busca de ideas. ¿Han oído hablar de las foronovelas? —pregunta Alex.

—No tenemos idea de qué es eso —responden los tres al unísono.

—Son historias ilustradas con fotos de actores reconocidos y algunas hasta tienen entradas en video. El otro día encontré una página que recopila información sobre la primera foronovela, «Amistad Perdida», original de un autor chileno llamado Pato —explica Alex.


—Esto suena interesante —dice Patrick—. ¿Y dónde se lee esa historia?

—Lamentablemente, como su nombre lo indica, se encuentra perdida. Pero un usuario llamado Renzoch asegura que encontró unas notas en un foro y las recopiló en un blog. Incluso halló la lista de canciones y armó un playlist.

—Todo eso suena fascinante —comenta Jorge Patricio—. Quizás quieras compartirnos tu investigación.

—Cuando gusten —sonríe Alex.

En ese momento llega Juliana y se reúne con el grupo. Alex la reconoce y la saluda afectuosamente. Juliana, al recordar a Alex, le platica sobre su inminente viaje al Festival de Cannes. Alex le comenta que tal vez coincida allí con Patricio, el autor de «Amistad Perdida», ya que él anunció en la red que asistiría al festival como crítico invitado.

—Es una investigación muy interesante la que realiza la señorita Alex —comenta Patrick.

Juliana pregunta más detalles sobre las foronovelas y Alex le explica nuevamente el concepto.

—Pues qué bien —dice Juliana—. Es muy probable que me cruce con otros críticos de cine en Francia. Si me das sus datos, lo buscaré y te mantendré informada.

—Muchas gracias, Juli. Eres muy amable —responde Alex sonriente mientras intercambian contactos.

En ese mismo instante, Aleja revisa en su teléfono las noticias amarillistas sobre el pleito legal de una famosa actriz con su exnuera por la custodia de su nieto. Patrick le aconseja que no preste atención a la prensa basura y que se enfoque en temas internacionales relevantes. Sin embargo, minutos después, el propio Patrick —un hombre culto y reservado— aprovecha un descuido para revisar a escondidas las páginas de chismes... y suspira profundamente al ver la foto de Imelda Tuñón, una actriz y cantante muy parecida a Giselda.

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Días después llega el gran momento. En el hangar privado del aeropuerto ejecutivo de Miami, un lujoso avión Gulfstream aguarda en la pista. Juliana llega en taxi acompañada por Aleja, quien insistió en escoltarla para darle apoyo moral.


Juliana viste pantalones sencillos y un suéter cómodo, portando un maletín de cuero gastado repleto de notas sobre el festival. A pocos metros, Ruth Montgomery la espera al pie de la escalinata luciendo un impecable conjunto de lino blanco y gafas de sol de diseñador, rodeada por asistentes que acomodan su equipaje exclusivo.

—¡Juli! ¡Qué alegría que llegaste! —exclama Ruth con entusiasmo sincero, recibiéndola con un abrazo cálido.

—Hola, Ruth. Gracias por esperarme —responde Juliana, intentando disimular su inseguridad ante tanto lujo.

Aleja mide a Ruth de arriba abajo con desconfianza norteña y le susurra a Juliana al oído:

—Oye, Juli... esta galla parece sacada de un catálogo, po. No le dejís el camino libre con Matías ni por si acaso, ¿escuchaste? Mantenla vigilada.

—Aleja, por favor, compórtate —susurra Juliana con las mejillas ardiendo.

—Mucho gusto, soy Aleja, amiga de la infancia de Juliana —se presenta con firmeza estrechando la mano de Ruth.

—Un placer, Aleja. Me encanta tu energía —sonríe Ruth sin perder la compostura—. Bueno, Juliana, ¿lista para despegar? Nos espera un vuelo largo hacia la Costa Azul.

Minutos después, la aeronave alcanza su altitud de crucero sobre el Océano Atlántico. En la espaciosa cabina de primera clase, Juliana y Ruth conversan sentadas frente a frente mientras un camarero les sirve dos copas de champán.

De fondo, el sistema de sonido del avión deja sonar «Quién es la que viene allí», de Los Tres:

“¿Quién es la que viene allí / Tan bonita y tan gentil? / ¿Quién es la que viene hacia mí? / Es la que esperaba yo / Dulce nena de mi amor / En mi vida he visto algo mejor...”

—¡Uau! ¿Y esa canción? —exclama Juliana sorprendida.

—¿Te gusta? —sonríe Ruth—. Matías me contó que es de tus favoritas.

—Sí, claro. La cantábamos a coro con todo el grupo de niños. Qué recuerdos... Aún no puedo creer que Matías haya propuesto esta locura de viajar juntas —comenta Juliana dando un sorbo a su copa.

—Matías te adora, Juliana —responde Ruth mirándola a los ojos—. Para él eres como una estrella guía de su infancia. Me ha contado mil veces las historias de cuando veían los partidos del Mundial del 98 o cuando esquiaban en la cordillera.

Al escuchar hablar del pasado compartido con Matías, a Juliana se le forma un nudo amargo en la garganta.

—Éramos unos niños... —murmura con nostalgia.

—Sí, pero esa inocencia es hermosa —agrega Ruth, sacando de su bolso un álbum encuadernado en cuero rosa—. Mira, este es el borrador de nuestra boda. Queremos que sea una ceremonia íntima en Malibú, justo cuando termine la Copa del Mundo. Matías quiere que seas una de las invitadas de honor.

Juliana toma el álbum con manos temblorosas. Al abrirlo, ve fotografías de Matías y Ruth abrazados en las playas de Los Ángeles, radiantes y enamorados. Sin embargo, al observar con detenimiento el rostro de Ruth, Juliana nota una leve pincelada de fatiga detrás de su sonrisa perfecta.

—Se ven muy felices... —alcanza a decir Juliana.

—Lo somos —asiente Ruth con un imperceptible suspiro—. Aunque a veces es agotador. Mi padre quiere que la boda sea un gran evento benéfico para la fundación y Matías pasa el día entero viajando por la cobertura de las sedes. Casi no tenemos tiempo a solas. Por eso este viaje contigo significa tanto para mí; necesitaba escapar de toda esa presión.

Juliana la observa en silencio, descubriendo con sorpresa que la mujer a la que consideraba una rival inalcanzable es en realidad un ser humano vulnerable que busca una amiga sincera. La simpatía involuntaria que empieza a sentir por Ruth vuelve su conflicto interno aún más doloroso.

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En Los Ángeles, la mañana transcurre con agitación en la pizzería donde trabaja Sebastián. Milly se encuentra sentada en la barra con un fajo de sobres Panini vacíos a su alrededor, mirando con enojo la pantalla de su teléfono.

Sebastián se acerca secándose las manos con un paño de cocina y le sonríe con simpatía.

—¿Qué pasa, Milly? Tienes cara de pocos amigos... ¿No te salieron las figuras que buscabas?

—¡No es el álbum, Sebastián! —protesta Milly cruzándose de brazos—. Es que Ruth se fue a Francia con esa tal Juliana y Matías no para de hablar de ella en sus redes sociales. ¡Parece que nadie en esta historia tiene los pies en la tierra!

—Bueno, tranquila. A veces la gente solo necesita resolver asuntos del pasado para poder avanzar —opina Sebastián con sabiduría popular—. Mira el lado positivo: hoy llegaron dos cajas nuevas de sobres al local. Si me ayudas a organizar los pedidos del mediodía, abrimos los sobres juntos.

Milly lo mira de reojo, sintiendo que la calidez del muchacho le ablanda el mal humor al instante.

—Está bien... pero pido las figuras de la selección australiana.

Sebastián suelta una carcajada limpia y le entrega un delantal, mientras en la radio del local empieza a sonar «Por debajo de la mesa», de Luis Miguel, sellando una complicidad silenciosa que crece día a día entre ambos.

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El sol comienza a ponerse sobre el Atlántico mientras el avión de Ruth y Juliana surca las nubes rumbo a Europa, prometiendo que el encuentro en Cannes transformará para siempre el destino de todos los involucrados. Suenan de nuevo las estrofas de «Quién es la que viene allí», de Los Tres, marcando el pulso de un viaje donde las verdades contenidas y los amores imposibles están a punto de salir a la luz:

“Todo, todo está arreglado / Ella me ha aceptado / Y nos vamos a casar / A casar / A casar / Señor cura nos preguntará...”

CONTINUARÁ...

¿Qué sucederá en el festival de cine de Cannes con Ruth y Juliana?
¿Será verídica la información que publica Renzoch en su blog sobre "Amistad Perdida"?
¿Podrán Milly y Sebastián completar el álbum Panini del Mundial?
¿Qué significado tiene la canción "Quién es la que viene allí" para Juliana y Matías?

***La canciión elegida es "Quién es la que viene allí", interpretado por Los Tres Unpluggled:

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