CAPITULO 7: DE TU AMOR (Con revisión de IA)



***PERSONAJES RECURRENTES:

***Maleani, critico de televisión (Foto IA):


***Pancracio (Foto IA):

***Arianna Lorena (Foto IA):

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CAPÍTULO 7: DE TU AMOR

Esa noche, en el Mandy’s Place, Cristina termina su interpretación de "Así fue", el clásico de Isabel Pantoja. Paola se acerca al escenario para felicitar a la cantante.

—Felicitaciones, Cristina, me encantó tu interpretación. Esa canción de Isabel Pantoja me parece genial —dice Paola.

—Pues muchas gracias —responde Cristina—. Es una de mis favoritas también. Oye, ¿eres nueva? Nunca te había visto por este lugar.

—Digamos que soy muy amiga de Felipe —comenta Paola.

—¿Felipe? —pregunta Cristina, curiosa.

—Sí, el chico con el que estaba bailando —aclara Paola.

—Ah, ya —dice Cristina—. Pero cuídate de su novia, se ve que es bastante tóxica.

—¡Bah! —exclama Paola—. ¡Esa tipa no es su novia! ¡Solo es una berrinchuda!

Esa "tipa" es Giselda, su cómplice en "Las Pantoja", pero Paola tiene que disimular ante los demás para no levantar sospechas. En ese momento llega Cote para felicitar a Cristina.

—Hola, Cristinita, tu concierto estuvo genial, como siempre.

—Gracias, guapo —responde Cristina, haciéndole un gesto coqueto y guiñándole el ojo.

Cote suspira por Cristina. Mientras tanto, a lo lejos, Olivia, la otra cantante, se pone celosa por la forma en que Cristina le coquetea a Cote, pero Juan Tune, un cliente del bar, la tranquiliza.

—Bueno, guapo —le dice Cristina a Cote—, ya empieza mi segundo turno. ¿Alguien ha visto a Olivia, una de mis coristas?

—Yo la vi hablando con un chico por allá —responde Cote.

—Ah, sí, coqueteando como siempre —dice Cristina—. ¿Me la llamas, por favor?

Cristina vuelve a guiñarle el ojo. Cote, obediente, se dirige a avisarle a Olivia que es hora de volver a tocar. 

Minutos después, Cristina y Olivia suben al escenario para interpretar "Solo vivo para ti", el éxito del grupo Jeans. Mientras tanto, Paola busca hacerle conversación a Cote.

—Oye, Cote, ¿desde cuándo eres admirador de esa chica, la tal Cristina? —pregunta Paola.

—Bueno, Pao —dice Cote—, desde que la escuché cantar esa canción de Nina Simone. ¿Verdad que es genial?

—La chica no canta mal, pero he escuchado mejores. Me gusta más cómo canta la otra, Olivia.

—¿Estás loca? ¡Cristina es única! ¡Y si no ha llegado más lejos es porque no ha querido! Además, yo no te juzgo por ponerte coqueta con Felipe, el odontólogo, a pesar de que su novia reaccione con celos.


—Esa tipa no es su novia. Solo es una aparecida que quiere someterlo para conquistarlo.

—Pues la veo muy entusiasmada con él. En fin, con permiso, tengo que seguir escuchando el concierto de Cristinita.


Cote se retira de la presencia de Paola. En ese instante aparece Giselda.

—Oye, Paola, ¿qué te traes con el odontólogo?

—¿Estás celosa? Pues solo bailaba con él.

—Quiero que sepas que yo lo vi primero.

—Al contrario, yo lo vi primero, ¿te acuerdas?

—Sí, pero estabas con máscara y él no te reconoce.

En ese momento se acerca Felipe, el odontólogo.

—¿Qué pasa aquí? ¿Por qué están discutiendo? —pregunta Felipe.

—Es que Giselda está celosa por nuestro baile —dice Paola en tono coqueto.

—Vamos, Giselda —dice Felipe intentando consolarla—. No te pongo celosa. Si gustas, la siguiente pieza la bailamos juntos, ¿está bien?

Giselda le hace un gesto coqueto y le guiña el ojo. Felipe suspira por ella. Paola prefiere retirarse y dejarlos solos.

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Mientras tanto, en Cannes, Ruth y Juliana caminan por La Croisette, el emblemático bulevar del puerto. De pronto, se detienen en una cafetería y deciden sentarse a tomar un sándwich y un café. En ese instante se escucha la versión reggae de "I Say a Little Prayer", interpretada por Diana King.

"The moment I wake up / Before I put on my makeup / I say a little prayer for you..."

—¡Uau, qué buena canción! —exclama Ruth—. Es de una película, ¿verdad?

—Así es, es el tema de entrada de la película La boda de mi mejor amigo, con Julia Roberts y Cameron Diaz —responde Juliana.

—¡Qué gran película! —dice Ruth—. Cameron Diaz es de mis actrices favoritas, he visto todas sus películas.

—Yo me identifico más con Julia Roberts —confiesa Juliana.

—Quizás porque tiene un nombre parecido al tuyo, ¿verdad? Julianne... Juliana... Qué curioso.

—Debe ser por eso —dice Juliana, aunque en realidad se identifica con el conflicto interno del personaje al ver que su mejor amigo está por casarse.

—Me acuerdo de la escena en la cena con George cantando "Say a Little Prayer"... ¡Qué gran momento! Oye, Juli, ¿te parece si recreamos la escena?

—¿Aquí? —pregunta Juliana, nerviosa.

—¿Y qué tiene de malo? Vamos, no seas tímida.

Entonces, Juliana y Ruth se ponen a improvisar a cappella la canción "I Say a Little Prayer", imitando la coreografía. Los demás clientes e incluso los meseros deciden acompañarlas en los coros.

"Forever, and ever / (You'll stay in my heart and I will love you) / (Forever) Forever, and ever / (We never will part, oh, how I love you)..."

Juliana y Ruth son ovacionadas por el público del lugar. Ellas agradecen los aplausos y se sientan a relajarse y tomar café para seguir platicando.

—Oye, Juli —dice Ruth—, ¿y tú tienes algún amigo como George?

—En realidad tengo dos: Jorge Emilio, que es gay como el de la película, y Jorge Patricio.

—Seguro que son tan buenos amigos como el de la cinta, ¿no?

—Son los mejores amigos que he tenido.

—Por favor, ¡invítalos a mi boda! ¿De acuerdo?

—Está bien. 

—No veo la hora de que sea mi boda, además quiero presentarte a Milly y a Arianna. Ellas son mis mejores amigas y seguro te van a caer muy bien.

—Pues sí, ya quisiera conocerlas.

Ruth y Juliana se abrazan fraternalmente. En ese momento llegan Sabina y Pato para avisarles que ya va a comenzar la siguiente función.

—¿Qué es lo que vamos a ver ahora? —pregunta Ruth.

—Una película de Rumanía llamada Fjord. Tiene buenas críticas —dice Pato—. Es con Sebastian Stan.

—Deben conocerlo —interviene Sabina—. Es el actor que interpreta a Bucky en las películas de Marvel.

—¡Es mi actor favorito! —exclama Ruth—. ¿Qué esperamos para verla?

Ruth, Juliana, Pato y Sabina se dirigen a la proyección de Fjord. En la sala se encuentran con Iñaki, el crítico español. La película trata sobre un matrimonio en el que él es rumano y ella noruega. Un día, la hija de ambos aparece en la escuela llena de moretones y ahí comienzan los problemas para la pareja. La cinta es conmovedora y ha recibido excelentes comentarios.

—Oye, Ruth, ¿qué te pareció la película? —pregunta Juliana al salir.

—Me gustó, pero "Bucky" sale muy feíto —responde Ruth.

—Es por su caracterización —aclara Juliana—. Yo creo que esta película puede ganarse el gran premio.

—Ejem —interrumpe Pato—. Yo sigo prefiriendo La bola negra.

Entre risas y debate, continúan su paseo por La Croisette.

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Mientras tanto, Jorge Patricio llega al Mandy’s Place. El murmullo dentro del local es el de siempre a esa hora de la tarde: el sonido sordo de las tazas chocando contra los platos de loza, mientras Cristina y Olivia interpretan lo más selecto de su repertorio y los meseros van de un lado a otro. Sin embargo, en una de las mesas del rincón, la atmósfera se siente bastante más densa.

Jorge Patricio se sienta en la barra para pedir una cerveza. A su lado se acomoda Paola, quien lo mira coqueta y le guiña el ojo.

—Hola, guapo, qué sorpresa encontrarte aquí —dice Paola.

—Hola. Paola, ¿verdad? Decidí venir un rato a tomarme una cerveza. ¿Has visto a mi hermana?

—Pues ha estado coqueteando con el odontólogo. Imagínate que él me sacó a bailar y ella se puso celosa. ¿Puedes creerlo?

—Giselda siempre ha sido celosa. A mí me celaba muchísimo cuando tenía novia.

En ese momento llega el crítico Maleani pidiendo un cóctel Sex on the Beach. Paola se llena de coraje al verlo, pues él suele arremeter sin piedad contra "Las Pantoja". Jorge Patricio nota la reacción de la chica, pero prefiere seguirle la corriente.

—Ese Maleani no tiene pelos en la lengua para decir las cosas, ¿verdad? No le hagas caso, es parte del espectáculo.

—Tienes razón. Mejor vámonos de aquí, ¿te parece? El ambiente se puso muy tenso.

—Está bien —dice Jorge Patricio—. Espérame afuera mientras me termino esta cerveza y la pago.

En el fondo, Jorge Patricio sabe que mientras más cerca esté de ella, más rápido podrá encontrar las pruebas de que es una de "Las Pantoja". Pero antes de levantarse, escucha inevitablemente la conversación que transcurre al otro lado de la barra entre Maleani y un cliente.

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Allí, Pancracio, un efusivo cliente, discute con Maleani dando golpecitos con el dedo sobre la mesa para enfatizar su punto.

—Es que ya nadie entiende lo que es la verdadera calidad —sentencia Pancracio, mirando de reojo a Maleani—. Antes las cosas se hacían con rigor, con técnica, con respeto al espectador. Ahora cualquier aparecido escribe tres líneas y se cree con derecho a exigir aplausos. La gente ya no sabe apreciar una buena historia, esa es la verdad.

Maleani acomoda con elegancia las solapas de su saco, dibujando una sonrisa helada y compasiva mientras mantiene la mirada fija en su taza de té.

—Querido mío, el problema no es que la gente no sepa apreciar las historias —interviene Maleani con voz pausada pero afilada—. El verdadero problema es que sigues juzgando el presente con el plumero de la nostalgia. Pretendes que el público consuma con la misma devoción de hace quince años, cuando las dinámicas sencillamente cambiaron. Hoy la gente no busca obras maestras en un altar; busca entretenimiento inmediato. Y si no te leen, tal vez la culpa no sea siempre del espectador.

Pancracio abre los ojos con indignación, a punto de soltar una réplica cargada de veneno, pero la tensión en la mesa se ve interrumpida por una risita ahogada en el extremo opuesto. Jorge Patricio, que hasta ese momento ha permanecído en silencio observando el fondo de su vaso de cerveza, niega suavemente con la cabeza.

—Es curioso cómo nos ahogamos en estas discusiones —comenta Jorge Patricio en tono tranquilo, haciendo que los demás lo miren—. Escuchándolos, me acordaba de un día de junio de 1986. En Ginebra moría Jorge Luis Borges, probablemente el hombre que más despreció el fútbol por considerarlo una pasión absurda de las masas. Y ese mismo día, mientras los suplementos culturales preparaban notas solemnes sobre su partida, el mundo entero estaba paralizado viendo el Mundial de México: Dinamarca dándole un repaso a Alemania y los uruguayos aguantando a pura garra un empate sin goles.

Hace una breve pausa y mira a Maleani y a Pancracio con una mueca serena.

—Al final, casi nadie en las calles recordaba al maestro ciego de las letras en ese instante; la atención de todos estaba en los partidos. Es la gran ironía de las audiencias: la realidad ruidosa y el espectáculo del momento suelen aplastar a la gran literatura. Pero con el tiempo las cosas se acomodan solas. Cuarenta años después, Jorge Luis Borges sigue generando una enorme admiración, inspirando incluso a figuras contemporáneas como la Premio Nobel Han Kang.

Pancracio frunce el ceño pero no dice nada. Maleani esboza una leve inclinación de cabeza, reconociendo el golpe de elegancia.

—Jorge Luis Borges era un gran escritor —interviene de pronto una muchacha, coqueteando de reojo con Pancracio, Maleani y Jorge Patricio—. Perdón que me meta, pero es inevitable no escuchar su conversación.

—Para nada —dice Maleani—. Me alegra que a la gente le guste la buena literatura. Me parece que no te había visto por aquí.

—Vengo de Los Ángeles, California, y vine a pasar el fin de semana a Miami.

—Pues disfruta de tu estancia en Miami —dice Pancracio—. Por cierto, yo soy Pancracio y él es...

—Sí, claro. Es Maleani. Yo veo su programa de chismes en YouTube —lo interrumpe la chica.

—Qué bien —dice Maleani—. Da gusto encontrar a alguien que sigue mi programa.

—Es que hace falta un espacio así en la televisión hispana de Estados Unidos —asegura la joven.


—¿Cómo te llamas, muchacha? —interviene Jorge Patricio.

—Mi nombre es... Arianna Lorena —dice la chica, levantando una ceja con un gesto helado y calculador de sutil maldad.

En ese momento suena el celular de Arianna Lorena. Ella pide permiso para contestar. Es su amiga Milly, quien la llama desde Los Ángeles para contarle sobre su relación con Sebastian y cómo busca conquistarlo llenando el álbum Panini del Mundial. Arianna Lorena vuelve a levantar la ceja en señal de malicia. Al colgar, cruza miradas con Pancracio y le guiña un ojo, seduciéndolo al instante. Ambos deciden retirarse juntos del lugar.

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Por su parte, Jorge Patricio decide darle alcance a Paola. Busca ganarse su confianza para demostrar que ella es la líder de "Las Pantoja".

—¿Te pasa algo? Te noto pensativo —dice Paola, coqueta.

—Dime una cosa, ¿cómo es que a una chica como tú le gusta la música de Isabel Pantoja?

—Pues me gusta y ya. ¿Acaso está mal que me guste?

—Al contrario, me parece muy bien. Es solo que no sé... a veces pienso que... tal vez...

—Oye, ¿qué estás insinuando? ¿Que soy una de "Las Pantoja"?

—No he dicho eso. Es más, yo no soy nadie para juzgarlas, y menos ahora que descubrí a una de ellas.

—¿En serio? ¿Descubriste a una de "Las Pantoja"?

—Así es. Logré quitarle la máscara... y vaya sorpresa que me llevé: se trata de mi hermana Giselda.

—¿Tu hermana?

—Así es. Mi propia hermana es una de ellas. Por eso estoy obsesionado con el tema. Si tan solo pudiera descubrir quiénes son las otras dos...

—Oye, guapo —interrumpe Paola buscando cambiar de tema mientras se le acerca provocativa—, ¿por qué mejor no nos vamos a un lugar más íntimo? El ambiente está muy aburrido aquí.

Paola acaricia suavemente el torso de Jorge Patricio cuando, de pronto, aparece Giselda llena de celos.

—¡Quita tus sucias manos de mi hermanito, coqueta! —exclama Giselda.

—Yo no estaba haciendo nada malo —se defiende Paola—. ¿No es así, Jorge Patricio?

—Así es —apoya Jorge Patricio—. No estaba haciendo nada malo. Vamos, no seas celosa, hermanita.

Jorge Patricio besa en la frente a Giselda y logra tranquilizarla.

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Cerca de allí, Desireé, la otra "Pantoja", deja su puesto de chef para dirigirse al tocador de damas cuando se cruza con Maleani.

—Espera, Desireé, tengo un trabajito para ti —dice Maleani con mirada libidinosa.

—Con permiso, tengo que ir al baño —responde Desireé evasiva.

—¿Así me tratas después de todo lo que hice por ti?

—¿Y usted qué hizo por mí, ah?

—Conseguirte este trabajo. Así nadie sospecharía que tú eres una de "Las Pantoja".

—Por favor, nadie puede enterarse de que soy una "Pantoja" —dice Desireé, poniéndose muy nerviosa.

—Y nadie se enterará... siempre y cuando hagas lo que te pida. Este es el plan.

Maleani le susurra su jugada a Desireé, quien escucha con atención y preocupación.

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Mientras tanto, tras concluir sus grabaciones, Sara Elcy e Inés Lorena se encuentran descansando en la habitación del hotel.

—Oye, Sara Elcy, ¿qué estás haciendo? —pregunta Inés Lorena.

—Estoy escuchando mi playlist de Spotify.

—A ver, quiero ver tu selección de canciones.

Inés Lorena observa la lista de reproducción de su amiga.

—Son canciones muy antiguas... de antes de que yo naciera.

—Eran las canciones que escuchaban mis abuelos y que yo oía desde niña, por eso son especiales. Mi favorita es "It's Raining Again" de Supertramp, la canción preferida de mis padres.

A continuación pone el tema y ambas comienzan a tararear la contagiosa melodía. De repente, Sara Elcy siente un déjà vu, se levanta de inmediato y se sienta frente a la computadora.

—¿Qué pasa, Sara Elcy? —pregunta Inés Lorena.

—Me acabo de acordar de algo. Dame un segundo —responde.

Sara Elcy teclea con paciencia en el buscador.

—Llevo días con la misma curiosidad en la cabeza —confiesa.

—¿Qué curiosidad?

—Estoy tratando de reconstruir esas historias que mis abuelos contaban en casa sobre la televisión de los años ochenta. Mencionaban una producción extranjera que veían por las noches en Colombia y siempre decían que me bautizaron con el nombre de la protagonista: Sara.

—¿Y qué serie es?

—No lo sé. Le pregunté a unos amigos, pero solo me devolvieron miradas en blanco o encogimientos de hombros. Nadie recordaba nada. Para ellos la televisión de esa época no existía o se reducía a un par de títulos repetidos de siempre.

De repente, la pantalla le devuelve una respuesta concreta: Sara Dane.

Sara Elcy e Inés Lorena leen con atención el resumen de aquella miniserie australiana de ocho capítulos: la historia de una mujer enviada injustamente a una isla prisión en los albores de Australia, que sobrevivía al desatino de la vida y a cuatro amores marcados por la tragedia, hasta convertirse en una exitosa mujer de negocios.

Sara Elcy cierra la pestaña del navegador con una mezcla de fascinación y duda. Google le da la trama exacta, pero no le ofrece la prueba definitiva: la evidencia de que esa misma historia de época cruzó el océano hasta emitirse en las pantallas colombianas de hace cuatro décadas. Aun me queda la duda, pero la conexión está hecha.

Inmediatamente, Sara Elcy le pide permiso a Inés Lorena para hacerle una llamada a su amigo Juan Tune. Al contestar, él le asegura de manera tajante que sí, que esa es la misma miniserie. Por un segundo, Sara piensa que al fin encontró la prueba viviente de la emisión en Colombia, pero la ilusión dura poco. Apenas dos frases después, entre risas, Juan termina confessando la verdad: en el año en que se supone que la pasaban él tenía apenas ocho años, no vio un solo episodio y su único recuerdo es el nombre flotando en las conversaciones de los adultos de su casa. Sin embargo, mantiene su veredicto con una fe inquebrantable.

Sara se queda con la misma intriga, pero con una certeza sutil: no importa si Google no tiene los registros de la pauta televisiva de los ochenta o si la única garantía es la memoria distorsionada de un niño de ocho años. Para ella, la historia de esa mujer independiente que sobrevivió a la prisión, a cuatro amores y que terminó construyendo su propio imperio al otro lado del mundo ya es parte de su propia identidad.

Segundos después, Inés Lorena logra encontrar la miniserie en una plataforma de streaming y juntas se acomodan para empezar a ver los capítulos de Sara Dane.

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Esa misma noche, Pancracio y Arianna Lorena se entregan a la pasión en una habitación de hotel. De fondo, ella ha puesto "1, 2, ultraviolento" de Los Violadores. Pancracio jadea disfrutando del encuentro con esa hermosa mujer. De pronto, por debajo de la cama, Arianna Lorena saca un filoso picahielo y lo incrusta directamente en el corazón de Pancracio.

—¡¡¡Aaargggghhh!!!

Pancracio muere al instante. Arianna Lorena contempla el cadáver y celebra su nueva víctima levantando una ceja con frialdad absoluta. Mientras la música retumba en el cuarto —uno, dos, ultraviolento... ¿y ahora qué pasa, eh?—, ella dibuja una sonrisa macabra en el rostro.

CONTINUARÁ...

¿Por qué Sara Elcy quiere conocer la serie que veían sus abuelos?

¿Cuál será el plan que le contará Maleani a Desireé?

¿Será que en el próximo capítulo podremos ver a Matías, Aleja, Jorge Patricio y Maylín?

¿Por qué todas las villanas de renzoch se llaman Lorena?

***La canción elegida es "I say a little prayer", interpretada por Diana King:

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